Gente de aquí | Cuando los hongos ‘hablan’
Setas con DNI
El departamento de Biología de la Universidad de León identifica hongos recogidos por particulares a los que se pide medidas para la conservación.

Arsenio Terrón investiga los hongos en el servicio de Biología de la Universidad de León.
Salir al campo en busca de setas es una actividad cada vez más frecuente y con un número de adeptos en crecimiento, en especial en una provincia como León que, junto con Soria y Segovia es una de las de mayor afición y productividad en Castilla y León. Sin embargo, son pocos los expertos que conocen con precisión las especies que brotan en los bosques de la Comunidad.
Ante cualquier duda, la primera recomendación es no coger el hongo, dada la posibilidad de que pueda ser un ejemplar tóxico, si bien esa incertidumbre puede eliminarse de varias maneras, entre ellas acudiendo con la seta y unos datos informativos al Servicio de Biología de la Universidad de León (ULE), que desde hace casi dos décadas recibe de manera altruista a las personas que pretenden aclarar la identidad de la seta que han recogido en el campo y cuyas características y valor culinario desconocen.
El director del área, Arsenio Terrón, reconoce que cada día acuden a este servicio entre cuatro y cinco personas que quieren identificar el material que han recolectado. A todos ellos, siempre atendiendo a la disponibilidad que permiten la intensa actividad académica, se les explican las condiciones de los hongos, se les recomiendan las mejores prácticas para acudir al campo o se les da a conocer el interés culinario de las setas recogidas, entre otros aspectos informativos.
En los primeros pasos de esta iniciativa, que dio comienzo alrededor del año 1987 de la mano del profesor Jaime Andrés, se empezó a elaborar un registro muy estricto sobre los ejemplares recogidos para poder disponer de un estudio detallado acerca de los entornos de proliferación de cada especie. Pero el silencio de muchos recolectores, que no quieren revelar el lugar en el que han encontrado su tesoro , e incluso la información errónea facilitada al respecto por algunos de ellos, provocó que se dejara a un lado este registro.
Lugares concretos
Desde el departamento de Biología se insiste en que la intención de conocer el lugar exacto de la recogida «no es para ir», sino para hacer trabajos de gestión medioambiental y conocer «qué hay, en qué cantidad, dónde está y tomar decisiones según hechos contrastados», reconoce Terrón. Muchos de los ejemplares más raros se encuentran en el herbario de la ULE, que cuenta con más de 100.000 ejemplares depositados y unos 8.000 hongos.
En muchas ocasiones, un simple vistazo es suficiente para los miembros del departamento de Biología para determinar la especie de la que se trata, atendiendo a las características del sombrero, el pie, el anillo o la volva de la seta. «Se pasa esa información por un disco duro que tenemos en la cabeza y se conoce el ejemplar», dice Terrón. Pero no siempre resulta tan fácil.