Gil Tamayo: «Los miembros de la Iglesia no deben ser profetas de calamidades»
La Iglesia tiene una asignatura pendiente, su imagen pública. Propensa a las condenas y las admoniciones, la Iglesia no está bien valorada entre los españoles, que se declaran mayoritariamente católicos pero frecuentan poco las parroquias. El nuevo secretario general de la Conferencia Episcopal, José María Gil Tamayo, llega con el empeño de tender puentes a la sociedad y dejar de ofrecer esa estampa de entidad anclada en las reconvenciones y el pesimismo, salpicada además por algunos escándalos. «No podemos ser profetas de calamidades, sobre todo cuando hay gente sufriendo, hay que poner un bálsamo de esperanza. Tenemos un ejemplo claro en el Papa Francisco», aseguró Gil Tamayo, que hoy compareció en su rueda de prensa tras su elección el miércoles por la asamblea plenaria de obispos.
Nada más llegar a la Casa de la Iglesia, como se denomina a la sede del episcopado, Gil Tamayo mostró maneras corteses y distendidas: estrechó manos y repartió besos y abrazos entre los periodistas. Se dirigió a ellos llamándoles «compañeros» y «compañeras».
Diferencias
Las diferencias con su antecesor, Juan Antonio Martínez Camino, que trataba con una displicencia indisimulada a los informadores, eran evidentes.
Por de pronto, Gil Tamayo, que ejercerá de portavoz de los obispos y no delegará esa función en un subordinado, desea que cuando se hable de la jerarquía católica sea para difundir el Evangelio y no como piedra de escándalo. «La Iglesia tiene que salir de las páginas de sucesos de los periódicos» y ocupar «el lugar que le corresponde» en la sección de sociedad.
Con Gil Tamayo llega un nuevo estilo, más en sintonía con Jorge Mario Bergoglio. Fiel a la demanda del Pontífice de que los sacerdotes y obispos ejerzan de pastores que conecten con el pueblo, el portavoz de la jerarquía prometió una mayor cercanía a los creyentes.