Diario de León
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ANTONIO NÚÑEZ
León

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D icen los franceses que detrás de todo gran hombre hay siempre una gran mujer. O debajo, precisaría yo. Desintoxiquémonos, en todo caso, de primas de riesgo, índices de paro, crecimientos de un puntico del Pib —nadie habla de veinte centímetros— y otras monsergas que sólo conducen al vicio solitario y luego se te pone cara de Mariano Rajoy. Así que vayamos al cotilleo.

Para cotillón el del presidente francés François Hollande, al que periodistas huelebraguetas de allende los Pirineos le han descubierto una novia que está de muy buen ver. Y añado yo que más que él, aunque sólo sea por razones técnicas. Toda una chavala, en fin. Y andan desconcertados los analistas políticos y económicos sobre cómo enlazar el asunto con la dichosa crisis, las bolsas y patatín y patatán. Muchachos, ahí va gratis el enfoque de un colega veterano y prostático: todo lo que sube baja.

Iba monsieur a explicar en rueda de prensa un recorte de sesenta y cinco mil millones de euros, más de diez billones de las viejas pesetinas, se dice pronto, y al final todas las preguntas confluyeron de cintura para abajo, exactamente un palmo. En consecuencia al día siguiente los periódicos de la France titularon con grandeur a toda pastilla que lo suyo pertenecía «a la vida privada y es muy doloroso». Carallo, lo primero es posible, pero lo segundo no cuela. A lo de la pasta gansa apenas le dedicaron media columnica.

Tampoco es nuevo y ya contaba el periodista italiano Indro Montanelli, despedido del Corriere de la Sera por Berlusconi, que después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el gobierno alemán decretó el canje de la nueva moneda a razón de un marco por cada sesenta mil antiguos, que había que llevar al Deusche Bank en carretilla, los corresponsales americanos sólo tenían ojos y oídos para Rita Hayword, de gira por aquellos andurriales para levantar la moral, y se supone que lo demás, a las exahustas tropas vencedoras. Al día siguiente en la prensa gringa también ganó Rita por cinco columnas de titular a una. Como es natural.

Lo dicho, estas cosas vienen bien para desintoxicar del aburrimiento de la crisis. Algunos ingenuos creen que la erótica del poder es otra cosa, pero repase usted la historia de los Kennedy para acá, pasando por las becarias de Clinton, y se convencerá de que no. Tampoco hará ni dos meses que la señora Obama, muy brava ella, se interpuso entre su marido y la rubia presidenta de Dinamarca mandándolo levantar cuando los funerales de Mandela, otro salido, y poniéndose y poniéndolo en su sitio. Esa negra merecería ser republicana.

En cuanto a España rebobine también un poco y acuérdese del expresidente González, alias «morritos calientes» entre la militancia socialista femenina, que era aclamado en los mítines al grito de «Felipe, capullo, queremos un hijo tuyo». O de Alfonso Guerra, éste sí que iba al grano, y sus aristocráticos devaneos. Si no es por la exseñora despechada, o la cuñada, ya no me acuerdo, que fueron rápidas a contarle a Fraga los chanchullos de Juan Guerra entre cafelito y cafelito de un despacho de la Junta de Andalucía, no nos hubiéramos enterado de nada. Y qué decir de Roldán, el baranda ladrón de la Guardia Civil, pillado en calzoncillos gayumbos, por una revista, se rumorea que con material de Ruiz-Mateos y una agencia de detectives privados. En todas partes cuecen habas y en no pocos ayuntamientos cazurros a calderadas. Pero, hombre, no sea usted demasiado suspicaz al salir a la calle y chocarse al concejal de barrio.

Está cada día más extendida la opinión, pública aunque todavía no publicada, de que para desviar la atención de los recortes y de los pufos independentistas de catalanes y vascos en casa convendría buscarle una novia a Mariano y otras dos a Artur Mas y Urkullu, la de éste último con Rh negativo. Lo sentimos por las señoras, pero no siempre las primeras damas son las últimas y, si no, que se lo pregunten a Sarkozy, matrimoniado primero con una prima de Gallardón y luego con Carla Bruni. Ninguna de las dos era manca y añado yo que el expresidente gabacho tampoco, oh, la, la. De Berlusconi para qué hablar. Sólo somos inmunes a la erótica del poder con Angela Merkel, que también tiene su marcha, pero muy prusiana. El marido no sé.

Ah, casi se me olvidaba. Absténganse de criticar por machismo este articulillo las feministas.

Las cosas claras, soy misógino.

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