Diario de León

RELEVO EN LA IGLESIA

Rouco deja su puesto tras 12 años al frente de la jerarquía católica

Se barajan tres nombre paera su sucesor aunque puede haber sorpresas

El cardenal gallego Antonio María Rouco.

El cardenal gallego Antonio María Rouco.

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Antonio Paniagua | Madrid
León

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La era Rouco toca a su fin. Después de haber encarnado el poder eclesial durante dos décadas, el presidente de la Conferencia Episcopal abandona su cargo al frente de la jerarquía eclesiástica. Ha cumplido los 77 años, dos más de los preceptivos para jubilarse. Le sucederá un hombre que habrá de trasladar a España el magisterio del papa Francisco. La asamblea plenaria del episcopado elegirá el miércoles al sucesor de Antonio María Rouco, quien ha permanecido doce años -cuatro trienios, aunque no consecutivos- al frente de la jefatura de la Iglesia católica española.

El cardenal gallego, que se ha mostrado un fiel colaborador de los pontífices Juan Pablo II y Benedicto XVI, se va sin dejar las cosas atadas. Rouco no dará la batalla por imponer un delfín. Entre los prelados cuyos nombres se citan para tomar el relevo de uno de los eclesiásticos más poderosos en la historia de España figuran el arzobispo de Valladolid, Ricardo Blázquez; el titular de Valencia, Carlos Osoro, y el arzobispo castrense, Juan del Río. No obstante, puede haber sorpresas. Libres de las obediencias a Rouco, los obispos tendrán más libertad que en otras ocasiones para votar.

El nombre de Ricardo Blázquez suena mucho en los mentideros eclesiásticos. A su favor juega su probada capacidad de diálogo y el saber manejarse en situaciones complicadas, como lo hizo al poner orden en la rama laica de los Legionarios de Cristo. Por añadidura, su elección sería una suerte de desagravio. Sus compañeros no llegaron a concederle en 2008 un segundo mandato como presidente y optaron por el regreso de Rouco. Ahora pueden desairarle, sobre todo sabiendo que es un clérigo que goza de las simpatías de Jorge Mario Bergoglio.

El todavía arzobispo de Madrid, que ha luchado encarnizadamente contra el secularismo de la sociedad española, ha gobernado los asuntos eclesiásticos con mano de hierro. Rouco ha tratado durante su largo mandato de preservar la tradición. Su nombre es sinónimo de ortodoxia y rigidez doctrinal, lo que le ha llevado a perseguir a los teólogos díscolos y tratar de meter en cintura a las órdenes religiosas. Ariete contra el laboratorio laicista que a su juicio se estaba fraguando en España, ha cargado contra el matrimonio homosexual, el aborto, el divorcio exprés, la asignatura de Educación para la Ciudadanía y el olvido de Dios. Rouco Varela contempla con desasosiego cómo un país que fue luz de Trento y martillo de herejes se paganiza. Pese a que el 72% de los españoles se declara católico, solo un 13% va a misa los domingos y festivos. Todo ello ocurre mientras los seminarios y conventos se vacían.

El papa Francisco ha impuesto un nuevo estilo. Salvo unos pocos dogmas, todo lo demás puede estar sujeto a revisión.

En sus 12 años dominando las riendas de la jerarquía eclesiástica, el purpurado español ha entendido que la unidad de España y el bien común eran la misma cosa. El arzobispo ha abogado por una creciente presencia de la Iglesia en la vida pública, para lo cual no ha dudado en alentar la movilización social si entendía que las leyes eran hostiles a los planes divinos.

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