EL PAISANAJE
Mazcayus
El AVE es un tren de moda al que se apuntan todos los políticos para fardar en su pueblo olvidando tres cosas: cuesta una pasta gansa de impuestos en inversiones, hay que subvencionar luego los billetes y colocar de por vida, por fin, a ciento y la madre de enchufados para que furrule. Si luego no sube nadie les importa el pito del jefe de estación. Fue un invento de Felipe González cuando la Expo de Sevilla, el V Centenario y demás despilfarros para financiar a su partido. ¿Tiene usted memoria histórica para acordarse de los «convolutos» que le traían en metálico nuestros embajadores en Alemania, donde se compraban las locomotoras?. Yo sí, y también de que rápidamente avisaron los franchutes de que o se le compraba la mitad de las máquinas a ellos o de colaboración en la lucha contra ETA... oh, là, là. Fue así, oiga.
Luego vino Cascos, ingeniero de caminos, digo yo que con título de autoescuela, que quiso llevar la alta velocidad a Asturias, perforó dos túneles en el Pajares y dejó sin acuíferos para beber a la mitad de los pueblos, ocupado como estaba en la pesca de salmonas mientras picaran. Allí se han enterrado dos billones de las viejas pesetinas o más, se dice pronto, y aún no se ve la luz. Como era natural al proyecto se sumó el paisano Zapatero, que incluso prometió unir con el AVE todas las capitales de provincia, nada menos. De éste no me creo que quisiera financiar al partido ni a él mismo. Pienso más bien que no le daba un pijo de importancia a la peseta, viniendo como viene de una familia que va por la tercera o guarta generación de funcionarios y empleados públicos, incluído él. O sea, un bobo desinteresado.
Viene todo esto a cuento de que los asturianos andan cabreados ahora por que, si el AVE para en León, pierden veinte minutos a la ida y otros tantos a la vuelta de Madrid, ni uno más ni uno menos, ya es afinar, por el «fondo de saco» que supone la estación cazurra para suprimir el paso a nivel del Crucero. Esa es otra y ni así ganó las elecciones en ese entrañable y rogelio barrio ferroviario el exalcalde Paco «Raquetas». La cosa tiene más tela que la que se llevó de Caja España, donde no queda ninguna.
Lo de taponar las vías era un proyecto antiguo que ya se ensayó en tiempos de Morano soterrando la carretera, pero se les inundaba todo y amenazaban de ruina los cimientos de las casas, empezando por la de Tejera padre, que nos había dejado el primer piso de la esquina al PSOE, si me acordaré yo. Esa es otra y ni sin barreras ganó en el barrio el exalcalde socialista Paco Fernández «Raquetas». El proyecto fue retomado luego por el también exalcalde Amilibia y su concejal de urbanismo Cecilio Vallejo que para desviar los trenes por donde fuera y acojonar votos lo comparaba quirúrgicamente con un «by pass» de la ciudad a corazón abierto. Mentira también, porque según me explicó luego otro ingeniero de vías de los buenos, José María, de alias «Caballo loco», la idea se la copiaron a él. Es un tipo que no tenía nada que objetar a meterse en todos los túneles y agujeros como un currante más, salvo en los de Pajares, que debían de parecerle muy bestias, digo yo. Es un viejo amigo y en esa consideración lo tengo.
Volviendo a los veinte minutos, que es lo que dura como mucho eso que usted ya sabe y no siempre, para entendernos, los asturianos deberían ser menos fantasmones. Aunque siempre hayan sido así. Tengo una hija mocina estudiando en Gijón y cada vez que pasas por Oviedo —va su madre— las señales de tráfico ponen «fútbol de primera a veinte kilómetros». Y una vez que los de la playa de San Lorenzo jugaron la copa de Europa hasta tacharon el indicador: «con el Gijón a Turín; con el Oviedo a Turón».
A mi me gustan todos los asturianos, menos los políticos, obviamente. También el refajo del anís la Asturiana, nada que ver con la etiqueta de anís del Mono, que me recuerda a Rubalcaba y cada vez más a Rajoy. Son unas botellas muy socorridas para la juerga con sólo rascar el tenedor.
Hablando de ritmos cachondos, se recomienda al diputado popular asturiano que no quiere parar en León el pasodoble «Pepe, el Mazcayu», frustrado torero sin novia atropellado por el tren que «comía avellanas en sin descascar».
«Ni los toros ni los cuernos/te lograron ya matar/ que fue el tranvía de Limanes/ por fartarte de avellanes/ay, Pepe el Mazcayu». Coño, si hubiera sido el AVE.
Una carnicería, señora ministra.