Carta sin sello
Estimada primavera:
Pongo en su conocimiento que comerciantes y hosteleros están deseando decirle cuatro cosas. Algunos, hasta cinco. No es para menos con este recochineo climático: frío, nieve, lluvia, viento... Admítalo, entre ir dándole al pai-pai por la calle Ordoño y vestidos de cosacos a finales de marzo ha de tener cabida un entretiempo. ¿Llega con retraso o es que pasó de largo, como el coche de Mister Marshall? A ratos, como limosna, deja caer un destello de sol. Nos sabe a poco. Ni que hubiese sido aquí donde Machado escribió aquel verso horrible, «la primavera ha venido/ nadie sabe cómo ha sido». Un mal día lo tiene cualquiera, pero usted ya lleva varios. Sea usted misma. Proclámese. Con alegría y garbo. ¿Le han hecho un ERE y recortaron días a su estación? ¿Sufre astenia primaveral, alergia al polen?
Ya nos hizo rugir bastante el invierno, ahora, con los debidos respetos, presta divisar una minifalda. O dos, sin son pequeñas. Poder sentarse en una terraza sin que el Yeti te coma la tapa. Venga, mujer, no se haga tanto de rogar. Irrumpa de una vez. Altérenos la sangre. Llénelo de todo de trinos, luz y clorofilas. ¡Exista!
A sus pies