Diario de León
Publicado por
León

Creado:

Actualizado:

Liturgia dominical

JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES

Acompañar a Jesús exige situarse en lo hondo de la propia vida, para entrar en el sentido hondo los últimos días de la Cuaresma y, sobre todo, de su y «nuestra» Pascua. Probablemente, la mayor tentación nuestra es situar a Dios y al fe en él en un terreno marginal y secundario de lo que compone realmente nuestra vida. Así el «alma» de nuestra vida, se queda sin Jesús.

«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá» es la frase que Cristo dirige este domingo a su amiga Marta. Y añade: ¿Crees esto? Son afirmación y pregunta que se dirigen a lo profundo de nosotros y que sólo pueden entenderse desde esa misma hondura. De esa suerte, serán algo decisivo para cada mujer y cada hombre, lo más decisivo e importante.

Marta responde con una total confianza en Jesús y esa respuesta pasa a ser una catequesis clara y sencilla que pone a los discípulos en el verdadero camino de la fe. En esta fe el primer paso es la confianza en Jesús, a quien descubrimos al Señor, al Enviado de Dios, al Hijo de Dios; después vendrá de forma natural la entrega a Jesús de nuestra vida; y, además, aceptaremos lo que Él nos dice: Lo creo «porque me lo dices tú». Aceptamos una afirmación, a veces no muy creíble, y a la vez expresamos la confianza que esa persona nos merece. En esta experiencia está la base para aceptar el testimonio. Y, por el contrario, también es posible que hayamos rechazado un dato verosímil, porque quien nos lo ofrece es alguien que no nos merece confianza alguna.

Domingos anteriores Jesús se presentaba como fuente de agua viva y luz que nos ilumina por la vida. Este domingo nos dice que Él es nuestra vida. Una vida que, decía san Pablo, está en nosotros, como a nosotros llega el agua viva y la luz que nos orienta. Es, dicho de otro modo, creer que en nosotros está presente la fuerza renovadora del Espíritu Santo que nos comunica Jesús resucitado. Esta es nuestra fe y es nuestra esperanza. Que en los días que quedan para la Pascua, pidamos y anhelemos que esto sea realidad en el corazón de nuestra vida. El final de la Cuaresma puede ser una ocasión excelente para revisar nuestra fe, que no es ver si admitimos los contenidos del credo), sino si nuestras actitudes son las del Evangelio; revisar si nuestra fe es una aceptación de verdades, no siempre fáciles de asumir, o si nuestra fe se basa en una sincera y total confianza en Jesús...; y después, ¡lo que Él diga!

tracking