Diario de León
Publicado por
Manuel Alcántara
León

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Los expertos en elecciones, que han adquirido su experiencia por haber presenciado más chanchullos, dicen que el resultado está en un pañuelo, o sea en un pequeño trocito de tela, húmedo de adioses y despedidas.

En Cataluña, que también desea alejarse de España, más que nada por la tela, esa palabra tiene un nombre poco sugestivo. Al pañuelo le llaman «mocador» incluso algunos poetas líricos. Claro que los que hablamos el idioma de Cervantes, que llamó a Barcelona «archivo de la cortesía», en vez de utilizar un vocablo tan huidizo y bello como «cunil», al conejo le llamamos conejo, que es un vocablo áspero y equívoco. ¿Quién ganará las elecciones del día 25 de este mes?, ¿quién ganará la liga que se sortea este domingo y sale el siguiente? Todo está en un pañuelo, pero en el caso político ha sido sustituido por un clínex que se asemeja a un papeleta de usar y tirar después de las elecciones, una vez manchada con las siglas de los partidos que tuvieron un limpio y honrado origen.

El emergente señor Arias Cañete dice que no se cree las encuestas y que la campaña será decisiva. Por su parte, el resistente señor Rubalcaba insiste en que la diferencia es mínima y anima a los suyos a dar la batalla.

Al duelo se ha añadido la portavoz de Unión Progreso y Democracia, doña Rosa Díez, que está tan harta del bipartidismo como casi todos los españoles.

Siempre resulta atractivo, desde el punto de vista de los espectadores, que David le pegue una pedrada a Goliat en mitad de la frente, ¿pero cómo elegir entre dos enanos? No se le puede llamar error a votar por los partidos minoritarios: el error, en todo caso, ha sido el suyo por no haber conseguido una mayoría influyente. Estamos cansados de que Goliat gane a Goliat, o viceversa, pero tampoco tiene demasiado sentido que David le gane a David. Evidentemente, ambos combates son camelos bíblicos, pero siguen dando mucho juego en las cosas serias, que son las que los españoles nos tomamos a broma.

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