La prensa israelí se pregunta por el impacto de la imagen del monumento
Periodistas israelíes preguntaban ayer en Jerusalén a la prensa extranjera si la foto de la visita del papa al monumento de las víctimas tendría el mismo tratamiento que la del muro en Belén el día anterior. Frente a estos desvelos es evidente que la potencia emotiva y visual de la jornada de ayer, como se esperaba, estuvo en dos lugares de hondo significado para los judíos, el Muro de las Lamentaciones y el museo del Holocausto, el Yad Vashem. De hecho ayer los discursos pesaron poco. Y no se debe olvidar la inédita ofrenda floral del papa a la tumba de Theodor Herzl, fundador del sionismo, un gesto importantísimo para Israel, que reafirma el reconocimiento de la Santa Sede de este Estado. Hay que recordar que las relaciones diplomáticas entre ambos no comenzaron hasta 1994. El acto en el Yad Vashem fue de gran impacto emotivo, con la presencia de seis supervivientes del Holocausto, cuatro hombres y dos mujeres. El papa se inclinó a besarles la mano. En este lugar donde sobran las palabras Francisco no hizo un discurso, sino una conmovedora intervención, entre la oración y la poesía.