Estaré con vosotros todos los días
Liturgia dominical
JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES
En esta fiesta de la Ascensión celebramos la plenitud y el término del Misterio Pascual: la glorificación de Cristo «a la derecha del Padre». Es una fiesta de alegría, porque celebramos la exaltación del Resucitado. A nosotros nos queda ser testigos y acreditar ante el mundo el acontecimiento de su Resurrección. Porque si la vida sigue más allá de la muerte y a pesar de la muerte, ni la muerte es lo que parece y tememos, ni esta vida es la vida. Al menos no es todo en la vida, pues hay más vida que ésta que vivimos de momento. Unas realidades que nos cambian radicalmente, si creemos y somos capaces de contagiar nuestra esperanza a los demás.
La gran tarea que nace en este día es la de ir al mundo y hacer discípulos. Así lo recoge el Evangelio de este domingo y la lectura de los Hechos. El mundo es nuestra responsabilidad y los hombres son nuestros interlocutores. La Iglesia no es un gueto de creyentes, sino un movimiento de acercamiento a todos para que puedan creer. Frente a tanta mala noticia, el hombre necesita más que nunca la Buena Noticia. No se trata de censurar a los otros, ni de condenar a nadie, sino de hacer cercana la salvación a todos. Como hacía Jesús, así debemos hacer nosotros. Quizá haya que denunciar el mal y la cizaña, pero sobre todo hay que señalar todo lo bueno, lo justo, lo noble, lo hermoso de la vida, para que crezca en todos la esperanza de una vida mejor y más feliz.
¿Qué podemos hacer? Esa es siempre la gran pregunta, que también puede ser la coartada para no hacer nada y justificar nuestra indolencia. Jesús no nos abandona, nos deja su Espíritu que nos ayudará a conocer la gran revelación, a comprender la gran esperanza. Nos hará ver el poder de Dios manifestado en Jesús. Con este Espíritu no hay nada que temer. Dejemos, pues, que se exprese libremente en nuestra vida.
Aún más, tenemos la Iglesia, que es como el cuerpo de Jesús, su continuación. Por su mediación podemos encauzar nuestras iniciativas y encontrar aliento en nuestros esfuerzos. Solos podemos hacer bien poco, pero como Iglesia y en la Iglesia podemos hacer muchísimo. Las personas y las instituciones eclesiales pueden y deben ser los vehículos que canalicen nuestros esfuerzos. No podemos hacer todos todo, pero entre todos podemos hacer todo lo que Jesús nos ha encomendado. De ahí que la Iglesia celebre hoy también la Jornada de las Comunicaciones Sociales, en la que se contempla cómo los medios de comunicación son cauces para el encuentro de las personas y canales para ofrecer la Buena Noticia.