Carta sin sello
Estimado Alfonso IX:
Me crucé ayer con su regia mirada de óleo, en el pasillo del antiguo consistorio. Disculpe que no me detuviese, la persona que iba conmigo es tirando a republicana. Le escribo ahora para pedir su consejo, no para mí sino para don Felipe. Habrá de necesitarlos, aunque está muy preparado. Aragorn tuvo los de Gandalf; Arturo, los de Merlín. En esto del coaching, quién mejor para aconsejar al nuevo rey que otro que reinó hace siglos. Los de andar por casa cualquiera puede dárselos: apague las luces antes de salir del palacio, cierre bien los grifos, no se deje la corona olvidada.... pero usted conoce la condición humana, lo efímero y lo que permanece. En el Medievo, un monarca debía elegir entre ser temido o querido, y usted escogió esto último. Alguien acertó al aconsejarle.
Felipe VI será buen rey pues es buena persona, una de las virtudes esenciales para su difícil misión, que no es sólo suya sino colectiva. Seguro que también él, de verse en la tesitura, escogería ser querido a temido. Majestad, no sé quede en solemne retrato del XIX. Reviva. Déle unos consejines.
Contento de ser de aquí