Publicado por
ANTONIO NÚÑEZ
León

Creado:

Actualizado:

La prueba irrefutable de que Cataluña es España son Peret, la bailaora Carmen Amaya y Albéniz. El primero inventó nada menos que la rumba catalana, que se sabe de memoria todo el de Armunia que se tenga por un buen gitano. De la segunda se dice que era el terror de los directores de hotel de París porque asaba las sardinas en la habitación, pero luego en el escenario era capaz de enredar las estrellas en la punta de los dedos grasientos. El tercero, digamos que músico a otros niveles, compuso «El sombrero de tres picos». Quieta la Guardia Civil.

Treinta y tantos años de oficio dan para mucho. Recuerda uno cierta entrevistilla de cuando la transición democrática con Martín Villa en la que éste último confesó: «el futuro dirá si hemos acertado o no con esto de las autonomías». Pues, macho, la cagasteis y podeis limpiaros con ortigas lo que ya sabeis. Al parecer se trataba de contentar a los nacionalismos y, donde no los había, café para todos. Lo que vino después es lo que hay.

Los políticos, en el modesto y leal saber y entender de un servidor, se dividen en dos: los que solucionan problemas y los que, si no hay, los inventan porque ya tienen ellos pensada la solución. Entre los primeros, sin duda, figura sir Whinston Churchill, que ganó la segunda guerra mundial y luego perdió las elecciones. Era tataranieto del duque de Malborough, el «Mambrú» de nuestras canciones infantiles, qué dolor, qué dolor, qué pena, y tenía las cosas muy claras. Según él, al cabrito del enemigo se le vence con «sangre, sudor y lágrimas» y algo de ayuda de la armada real británica, cuya superioridad naval en los mares no tenía mayor secreto que el de «látigo, whisky y sodomía». Eso es hablar claro y para mí que si no volvieron a votarle fue por lo del puro y la ley antitabaco.

Luego están los políticos inventores de problemas. creyendo tener soluciones para todos. Allí mismo David Cameron y su referendum escocés, que a última hora ha ganado por los pelos de donde la espalda pierde su honesto nombre, usted ya me entiende. Y en España los ha habido a patadas. Acuérdese, si no, del «papeles para todos» de la inmigración en tiempos de Zapatero. Ni falta que hacía y provocó el efecto llamada del entonces ministro Jesús Caldera, que cargó con el mochuelo. Los resultados saltan a la vista en el ferroviario barrio de El Crucero, antaño coto orgulloso de los currantes de Renfe y hoy alianza de civilizaciones de todos los colores y procedencias que andan a leches todo el día.

A Rajoy, al contrario que Zapatero, le sobran los problemas, bien es verdad que heredados, y como no tiene soluciones prefiere dejar que se pudran o se resuelvan ellos solos. Hábil estrategia para quien tiene mayoría absoluta, aunque ya se sabe cómo son los gallegos en la escalera. Su paisano Franco también les decía a los ministros lo de «haced como yo y no os metais en política». Sin embargo, no era lo mismo.

Si yo estudiara en la facultad de Ciencias Políticas, para lo que ya soy mayor, no haría más que repetir cursos y suspender. Al contrario que el hijo de Santiago Carrillo o el coletas de Podemos. Aunque pondría como ejemplo de manual para la tesina de fin de carrera a Artur Más. Se le pegan los problemas como las moscas a las tiras que colgaba del techo mi abuela y luego no había quien las despegara. Cataluña va a acabar oliendo mal si no se la fumiga en condiciones.

Una vez que se me metieron las avispas en casa y enjambraron. El que me las fumigó dijo que las plagas de España y del campo, en general, eran tres. A saber, las dichas avispas, los topillos y los rumanos, ninguna buena.

Yo creo que se quedó muy corto. Una colmena catalana de los Pujol, por ejemplo, arrasa con todo en su cartilla de ahorros o, como mínimo, el tres por ciento. Esa familia es, como las hormigas, cabezona y ahorradora por encima del invierno y la crisis.

Volviendo a Peret, el de la rumba, se me apareció anoche en sueños guitarreando lo de «un borriquito como tú».. «¿Va por mí o por Artur Mas?», me desperté cabreado. A lo que el gitano de la coplilla y patillas de hacha se limitó a rasguear beatíficamente desde los cielos, donde, por fin, no es charnego. Me da que la canción era una indirecta para quienes seguimos intentando razonar sobre las bobas teorías independentistas catalanas.

Lo último que creí entenderle fue «tururú, yo se más que tú».

Cargando contenidos...

De Jordi casi seguro.