Sáenz de Santamaría relega a Mato y se pone al frente de la crisis del ébola
La vicepresidenta liderará un comité especial para hacer frente a la situación.

La ministra de Sanidad, Ana Mato, con algunos consejeros tras la reunión de ayer.
«Expansión de liderazgos», lo llamaban ayer en el palacio de la Moncloa. En la práctica esto se traduce en que el presidente del Gobierno y su número dos han tomado ya definitivamente las riendas de la gestión de la crisis del ébola. Cinco días después de conocerse el contagio, Mariano Rajoy y la vicepresidenta escenificaron casi simultáneamente que la coordinación y la comunicación dejan de estar en manos de la ministra de Sanidad.
El jefe del Ejecutivo se desplazó hasta el Hospital Carlos III, acompañado por el presidente de la Comunidad de Madrid, para lanzar desde allí un mensaje de tranquilidad mientras Soraya Sáenz de Santamaría anunciaba, tras el Consejo de Ministros, la creación de un comité especial bajo su dirección para hacer frente a la enfermedad. A ninguno de los dos le acompañó Ana Mato.
En el Gobierno, públicamente, no contemplan que la decisión desautorice a la titular de Sanidad. De hecho, fuentes del Ejecutivo destacaron que Mato es la única ministra presente en el nuevo grupo de trabajo y que, por otro lado, preside las reuniones de los consejeros autonómicos. La vicepresidenta, sin embargo, será la encargada de dirigir cualquier mensaje público que se lance a partir de ahora y la gestión de la crisis pasa del ministerio a la Moncloa con el mandato de comunicar con «transparencia informativa y rigor».
Reuniones diarias
Con ese objetivo, el comité especial se reunirá diariamente y trasladará el estado de salud de la auxiliar de enfermería, Teresa Romero, y del resto de personas que se encuentran bajo vigilancia médica, siempre tratando de respetar la intimidad de los pacientes.
Para que sus derechos y los de la ciudadanía no entren en colisión, el Ministerio de Justicia tendrá una representación en este grupo. Además, y más allá de la vicepresidenta y la ministra de Sanidad, en el órgano estarán integrados representantes del Gabinete de Presidencia, de los departamentos de Asuntos Exteriores, Defensa, Interior, de la Consejería de Madrid, el Hospital Carlos III y de un comité científico creado para asesorar en todas las necesidades que vayan surgiendo. A algunos de ellos se les exige dedicación exclusiva y no se trata en ningún caso de un grupo cerrado. De hecho, no se descartan nuevas incorporaciones en el futuro. Uno de los ministerios que, al menos por ahora, no entra en la gestión de la enfermedad es el de Hacienda y Administraciones Públicas.
De ellos sí dependerá la habilitación de una línea de crédito específica para sufragar todas aquellas medidas que sean necesarias. El Gobierno busca coordinar los medios, los recursos disponibles, mantener la cooperación internacional y «reforzar» la información que se traslada a la ciudadanía sobre la enfermedad, sus características y formas de contagio. «No es un terreno para especulaciones, sospechas o datos que no estén confirmados», sentenció ayer Soraya Sáenz de Santamaría. Su intención es que según vaya avanzando la investigación, y no antes, se vayan aportando conclusiones contrastadas del interés de la opinión pública, en contra de lo que ha venido ocurriendo a lo largo de la semana.
En la asunción errores, la vicepresidenta se mantuvo ayer al margen. Preguntada por ello en la sala de prensa, no entró a valorar si se habían producido fallos a lo largo de la semana y si alguien tenía que asumir responsabilidades políticas por ello. A su juicio, si más adelante es necesario, se hará, pero hay ahora un tema prioritario, que es «cuidar lo mejor posible a Teresa Romero».