Teresa vive emociones enfrentadas
No todo han sido buenas noticias para la primera superviviente de ébola en España, que atraviesa un «bajón» anímico mientras se recupera de las secuelas de su enfermedad. Sus médicos han confirmado que ha superado el ataque del virus, pero todavía no dejan que vuelva a casa. Además, cuando lo haga, no encontrará a su perro, Excálibur. Pocos días después del ingreso de Romero en el hospital Carlos III para tratar su infección por ébola, un equipo de veterinarios accedió a su vivienda y lo sacrificó a pesar de las protestas de Javier Limón y un grupo de manifestantes. «Estoy todo el día llorando pensando en él», le dijo Romero a la portavoz de la familia, Teresa Mesa. Ayer pudieron hablar por teléfono.
Mesa explicó que la auxiliar de enfermería también está muy afectada porque su estancia en la sexta planta, en aislamiento, se puede prolongar varias semanas. Romero, dijo, pensaba que podría salir una vez que se confirmase que había vencido al virus. Sus doctores, por prudencia, han decidido confirmar que el ébola ha desaparecido de todos sus fluidos. Mientras tanto, no podrá ver a su familia, aunque la portavoz del matrimonio espera que pronto puedan verse, aunque sea a través de una pantalla. La combinación de ambas circunstancias han empañado el estado de ánimo de Romero, cuya salud, a pesar de todo, mejora poco a poco. Su voz cada vez está más fuerte, explicó Mesa, y bromea y charla con los sanitarios que la tratan, que son sus compañeros de trabajo.
La Asociación contra el Maltrato Animal, en solidaridad con Romero y su marido, ha llevado al hospital un libro con 428 mensajes de apoyo por el destino del perro. «Este libro está cargado de emotividad, mucho cariño y mucha solidaridad por la muerte de Excálibur», explicó Carolina Pinero, portavoz del colectivo, que además ha denunciado al consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid por la decisión de sacrificar al can.