Teresa Romero: «Soñaba con estos manantiales»
La auxiliar de enfermería busca paz y tranquilidad en su pueblo, Becerreá.

Teresa, su madre, Jesusa y el marido de la auxiliar, Javier.
Teresa Romero llegó anteayer a su pueblo, Becerreá -en los montes de Lugo-, pocas horas después de abandonar el hospital Carlos III. Aunque ya está curada -no padece ni ébola ni secuelas graves-, tiene que descansar y recuperarse. Por prescripción médica. Y decidió hacerlo, al menos durante unos días, bajo los cuidados de su madre. Jesusa Ramos recibió a su hija con alivio en el cuerpo, y caldo y empanada para cenar. Durante la enfermedad y la convalecencia de su hija mostró en varias ocasiones su preocupación. Hasta que no la viese salir sana y a salvo, dijo, no iba a quedarse tranquila.
«Está muy débil, muy flaquita», aseguró ayer Ramos. Madre e hija comparecieron para atender a los periodistas que se desplazaron al pueblo donde vive la progenitora. La auxiliar de enfermería pasó 30 días ingresada tras contagiarse de ébola. Durante muchos de ellos, por su estado de salud, no pudo ni comer ni beber. El alimento y la hidratación le llegaban, exclusivamente, por vía intravenosa. En los peores momentos, recordó Romero, «cuando estaba muy mala», tenía mucha sed. «He tenido el pulmón muy encharcado y no me dejaban beber agua», explicó. «Soñaba con estos manantiales».
La localidad lucense de Becerreá está en el sureste de Lugo. Es el pueblo vecino de Piedrafita do Cebreiro, la puerta de entrada a Galicia para los que realizan el Camino de Santiago. Un área verde, montañosa, que linda con El Bierzo. En los manantiales de los alrededores de esta localidad nacen ríos como el Navia, que desemboca en Asturias.
La auxiliar de enfermería aprovechó su encuentro con la prensa para rememorar algunos de los momentos clave del último mes. Los 30 días en los que su lugar de trabajo se transformó en el campo de batalla en el que luchó por su vida. El virus del ébola ataca a todos los órganos del cuerpo y, en el caso de Romero, afectó con especial virulencia a sus pulmones. «Lo que peor llevaba era no poder respirar», afirmó.
Romero también aseguró que tenía muchas ganas de ver a su madre.
El Ayuntamiento de Becerreá ha decidido que quieren convertir a Teresa Romero en hija predilecta de la localidad. De momento, explicaron, no se lo han comunicado para respetar su deseo de descansar y reponerse.