Diario de León

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En busca del fulgor del fuego

El leonés Amable Liñán recibe en Madrid el reconocimiento en forma de libro a toda una vida de excelencia científica.

Amable Liñán, ayer en el Palacio de Zurbano, junto a su hijo.

Amable Liñán, ayer en el Palacio de Zurbano, junto a su hijo.

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pacho rodríguez | madrid
León

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Amable Liñán ya era nombre de sabio hace tiempo. Lo de ayer, así, no fue más que confirmar su talento en forma de otro acto solemne y en escenario destacado en torno a su figura. La Fundación Aena presentó de esta manera en el Palacio de Zurbano el libro «Amable Liñán. En busca del fulgor del fuego», obra de Luis Utrilla Navarro, y que contó con la intervención del también académico de la RAI (Real Academia de Ingenieros), Manuel Hita, así como la presentación a cargo de Ignacio González Sánchez, director de Navegación Aérea de En Aire, y con la presencia asimismo de José Manuel Sánchez Ron, miembro de la Real Academia Española de la Lengua.

Así, a Liñán le tocaba ayer un día de grandes abrazos, muchos de ellos de otros expertos y eminencias como él en el mundo de la ingeniería aeronáutica, que no quisieron perder la oportunidad de estar al lado del homenajeado, tanto por amistad como por admiración. Pero el leonés tiene experiencia en estas lides, máxime teniendo en cuenta que fue Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técncia en 1993.

Y por supuesto apareció su Noceda de Cabrera, donde nació en 1934. Pretexto que, como sucede en el libro, sirvió para poner el acento en aquellos años de infancia e inicio en donde se forjó la personalidad de una autoridad en la ingeniería no sólo a nivel nacional sino internacional.

Tal y como se explicó ayer, «Amable Liñan. En busca del fulgor del fuego» sirve para realizar un recorrido vital, pero también para dejar constancia de muchos de sus trabajos, que aparecen enumerados como demostración de una genial carrera.

Por eso se destacó también su paso por las universidades, en las que su impronta está más que demostrada a base de utilidad.

De Madrid a California, siempre con su idiosincrasia leonesa a cuestas, lo que está claro es que la figura de Liñán no hace sino crecer. Crecer en el sentido divulgativo y en el de haber servido de enseñanza y conocimiento.

Y Liñán, toda esta descarga de elogió la recibió con el espíritu de alguien que además sabe observar, mirar y percibir, como si de un don se tratara, los lugares en donde reside la inteligencia. Que en él son también la sonrisa y demostraciones continuas de cariño que lleva hasta en el nombre.

Seguir creciendo

Liñán se mostró agradecido y emocionado. Y seguro que pensó en el día siguiente como una oportunidad para seguir creciendo intelectualmente. Esa era la sensación que el acto de ayer en el Palacio de Zurbano dejó en todos los asistentes, y que se notaba cuando se les veía desfilar a la salida con «Amable Liñan. En busca del fulgor del fuego» como si de lectura obligada se tratara. Seguro que ahora mismo ya lo es. Y al mismo nivel que lo fue la masiva asistencia y que hizo que el salón principal del Palacio de Zurbano se quedara pequeño ante la afluencia de público que no quiso perderse el acto.

Entre los muchos asistentes se pudo ver a Javier Gómez Barrero, Javier Aparicio, Alfredo Liñán, hermano de Amable, y que también contó con la presencia de sus hijos.

Todos inmersos en la apasionante vida científica de Amable Liñán, que, como en el libro, además de sus trabajos, se puede seguir por su peripecia personal y viajera. De León a Madrid. De Madrid a EE. UU. Con su gran hito como premio Príncipe de Asturias. Con la ciencia y la familia. Como en esas fotos que retratan los familiares desayunos de unos leoneses en Míchigan y que ayer brindaron juntos por Amable Liñán.

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