Diario de León

Romero admite que escondió información a su doctora

Romero a la entrada de los juzgados de Alcorcón.

Romero a la entrada de los juzgados de Alcorcón.

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daniel roldán | madrid
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Tercer revés judicial para Teresa Romero. Antes de las navidades, la auxiliar de enfermería y su marido, Javier Limón, vieron cómo las dos querellas presentadas por asociaciones animalistas en el Tribunal Superior de Justicia de Madrid por la muerte de su perro Excalibur fueron rechazadas. Ayer, Romero tuvo que admitir lo que nunca había dicho antes. Cuando acudió el pasado 2 de octubre a su médica de familia en el centro de salud Pedro Laín Entralgo de Alcorcón (Madrid), no le informó que había estado tratando a un enfermo de ébola -Manuel García Viejo- a pesar de que se encontraba mal. El virus estaba comenzando a actuar hasta que eclosionó cuatro días más tarde.

Romero también tuvo que admitir que nunca había pasado el umbral de los 38,6 grados, la frontera que había que traspasar para activar el protocolo de ébola, como había afirmado en su momento el bufete de abogados de Romero y Limón dirigido por José María Garzón. Las «lagunas» provocadas por los «padecimientos» en la lucha contra la enfermedad, según el letrado, tuvieron la culpa de este olvido. Secuelas que la abogada de la acusación, Ana Plaza, no discute. La demanda solo se centró en que «no comunicó» que había estado en contacto con el virus.

Con esta asunción de hechos, que la técnica sanitaria leyó en las escaleras de los juzgados de la localidad madrileña, Romero evitó una querella por calumnias e injurias. Pero no es el único escenario judicial que le resta. Tiene todavía pendiente un acto de conciliación con las dueñas de la peluquería a la que acudió a depilarse tras salir de la consulta de la doctora y el juicio contra el ex consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Javier Fernández.

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