Y en la guerra
Todo lo que se haga para liberar a la mujer de la condena de género que la somete en todo tiempo y cultura es poco, al igual que son insuficientes todas las reivindicaciones, fiestas y denuncias que se concentran en la jornada internacional de la Mujer (trabajadora, parada o «gastada» en casa) y que, año a año, se reproducen con cierta rutina de canción sabida, con sonidos de campana lejana y con la frustración de no apreciarse claros avances. Hay que seguir dando batalla, se dice.
Y hoy, el día después, silencio.
Aunque rebota el eco de algunos tópicos escuchados, como el que establece que «la guerra es asunto de hombres» y que «la mujer es el anhelo de la paz» o lo que es lo mismo: por naturaleza, el hombre es guerrero y la mujer pacífica.
Topicazo. Y mentira.
Nos lo decía quien en su día se mostraba insobornable exigiendo que la mujer tuviera presencia en las fuerzas armadas como signo de igualdad y como conquista de un espacio necesario para su desarrollo integral.
¡Pero Amelia, que vos sos filósofa y argentina!, le replicó Sócrates... ¿de veras puede pensar en la paz una mujer iraquí o palestina o somalí con su hijo muerto en el regazo... o pasarán por su cabeza pensamientos de revancha y metralla para reparar el robo impune de sus entrañas?... ¿y no nació la voracidad guerrera de Alejandro Magno en el pacífico cerebro de su madre?... la mujer teme tanto la guerra como a veces también la inspira, no te engañes... y no quiero recordarte lo que decía Mae West, «cuando soy buena, soy muy buena; pero cuando soy mala, soy muchísimo mejor»... por no citar las imágenes de mujer ideal, autónoma y agresiva que fomenta en vuestras hijas la cultura del espectáculo, el cine, la telemierda, los videojuegos guerreros...
Por supuesto, se montó una polka erudita y fina en la tertulia. Y Octavito, echando más leña al fuego: ¿Qué es lo más hermoso en los hombres viriles?, algo femenino; ¿y qué es lo más hermoso en mujeres femeninas?, algo masculino. Amelia se rebotó. Octavito alegó que la frase es de Susan Sontag, icono feminista. No te creo, demuéstramelo.
Y ya no salimos del eterno perrear.