Dimite un cardenal por primera vez en un siglo tras ser acusado de pederastia

El papa Francisco, durante uno de sus actos, saluda a un grupo de enfermos.
El cardenal y ex presidente de los obispos escoceses, Patrick O’Brien, renunció ayer a sus derechos como cardenal, es decir, a ser consejero del papa y participar en cónclaves y consistorios, tras haber permanecido retirado durante dos años a raíz de unas acusaciones de abusos sexuales a menores. Conservará el título, pero estará vacío de todo privilegio y se trata de una dimisión en toda regla, probablemente forzada por Francisco. Se trata de un hecho histórico, pues el rango de cardenal es vitalicio y raramente renuncian. El último caso se remonta a hace casi un siglo, en 1927, y por razones ideológicas: fue el cardenal jesuita francés Louis Billot, forzado por Pío XI por no retractarse de su apoyo a la extrema derecha gala.
En esta ocasión O’Brien paga por la línea de total intransigencia contra los escándalos de pederastia adoptada por Jorge Mario Bergoglio. La historia de este cardenal es significativa, porque su caso salió a la luz en febrero de 2013, justo antes del cónclave que eligió a Francisco. Tres sacerdotes y otro que había dejado de serlo denunciaron «actos inapropiados» de O’Brien, cuando eran seminaristas a sus órdenes, a través del diario The Guardian . Dieron ese paso porque ya habían informado al Vaticano y no había ocurrido nada. Por eso cuando vieron que iba a participar en el cónclave, con la posibilidad incluso de llegar a ser papa, decidieron romper su silencio.
El cardenal, fustigador de los homosexuales, en un principio lo negó todo y amenazó con querellarse. Eran días en los que la propia Santa Sede atacaba a los medios por difundir «noticias falsas» del escándalo Vatileaks. También se sentía acosada ante la campaña para evitar que otros cardenales sospechosos de encubrir abusos, un total de seis, viajaran a Roma a la elección del nuevo pontífice. Pero al cabo de dos días O’Brien presentó su renuncia como arzobispo y decidió no ir al cónclave. «En algunos momentos mi conducta sexual ha estado por debajo de los ‘standard’ que se me exigen como sacerdote, arzobispo y cardenal», admitió. El Vaticano abrió una investigación y anunció que se retiraba «para algunos meses de renovación espiritual». La decisión de ayer deja claro que las acusaciones eran serias.