«La persona que tenía delante era muy distinto al niño que iba a mis clases»
El profesor de Educación Física que evitó una tragedia mayor dice que Max es «fantástico» .

Una mujer observa las flores depositadas ante el instituto Joan Fuster de Barcelona.
David Jurado Fernández, el profesor de Educación Física del instituto Joan Fuster que evitó el lunes una tragedia aún mayor, no es capaz de entender lo que pasó. «La persona que tenía delante -dijo todavía perplejo- no tenía nada que ver con el niño que iba a mis clases». Jurado pudo desarmar y reducir a Max, el menor que acababa de matar al profesor de Ciencias Sociales e iba a lanzar un cóctel molotov, pero el día después, en medio de un panorama de conmoción y duelo, seguía entre incrédulo y sorprendido. «No se podía prever nada», repetía.
Jurado relató ayer a las puertas del Joan Fuster que «el chico no había dado ninguna muestra que pudiera anticipar que esto pudiera pasar; hay tensiones que se acumulan en los adolescentes y si encima tiene una enfermedad, ocurren cosas imprevistas». El profesor de gimnasia, que también ejerce de psicólogo, señaló que Max es una persona «fantástica» y comentó que logró conectar con él sin ningún problema para que dejara la ballesta, el machete y el cóctel molotov. «Es un niño y al final se mostró como tal». Una vez desarmado, David lo abrazó y el chico rompió a llorar.
El presunto agresor permanece en el hospital Sant Joan de Deu, en Barcelona, donde los médicos continúan con las pruebas que deberán determinar qué pasó por su cabeza para coger una ballesta y un machete y perpretar un ataque violento en el instituto, que se saldó con una persona muerta y cuatro heridas, todas dadas ya de alta. La Consejería de Educación insistió en que se trata de un «claro caso de enfermedad mental» con un «brote psicótico». Opinión que, sin embargo, no comparten todos los psicólogos.
«Podemos estar ante una patología sostenida que hizo explosión o que se manifestó por primera vez», afirmó la consejera Irene Rigau. Las autoridades educativas de Cataluña descartan que los hechos del lunes en el Joan Fuster sean un caso de violencia escolar y negaron que en el expediente del joven constaran incidentes, conductas agresivas ni peleas. Solo se le hacía un seguimiento, dijeron, por una «bajada importante del rendimiento académico» y porque «últimamente se distraía».
El chico, de 13 años, ya no volverá al instituto donde cursaba 2º de la ESO y podría acabar la educación obligatoria en un centro de menores especializado, dependiente del departamento de Bienestar Social y alejado de su familia. Rigau indicó que deberá someterse a un tratamiento y permanecer en el programa «hasta que esté a punto para volver con su familia», y de alguna manera pueda «pedir perdón» y reintegrarse en la sociedad.
Si se confirma el brote psicótico, también podría ser ingresado en una unidad de psiquiatría. «Hay un difunto y hay heridos, pero la gran víctima es este chico», recordó la consejera. La Generalitat se ha esforzado desde el minuto uno en presentar el trágico suceso como un hecho aislado, protagonizado por un «niño enfermo» aquejado por un brote psicótico.