Diario de León

TRADICIONES LEONESAS

Y el Eria se va de romería

Los vecinos de San Esteban de Nogales cruzan el puente de ramas y palos para acompañar a san Jorge y a la Virgen hasta la ermita, al otro lado del río

El relicario de san Jorge salva las aguas y llega a la ermita para rodearla tres veces junto a la Virgen y el pendón

El relicario de san Jorge salva las aguas y llega a la ermita para rodearla tres veces junto a la Virgen y el pendón

Publicado por
A.G. VALENCIA | SAN ESTEBAN
León

Creado:

Actualizado:

Cuenta la tradición que una semana antes de que san Jorge, patrón de San Esteban de Nogales, vuelva a la ermita los vecinos deben construir un puente para salvar las aguas del Eria y facilitar que la Virgen del Rosario y el relicario del santo que venció al dragón vuelvan al templo, al otro lado del río. Y así fue. El pueblo se vistió de romería, sacó sus mejores trajes e hizo de alarde de mantones y manteos. Con la mirada puesta en el cielo y el río, los vecinos arrancaron a la una con la colorida comitiva. El pendón y la pendoneta fueron abriendo camino, a la par que las mujeres portaban a la Virgen y los hombres el relicario del patrón.

Son tradiciones a dos orillas. El puente une pasado y presente. Ramas, palos y césped del revés forman esta estructura que saben que el invierno volverá a llevarse por delante. Mientras, ayer hizo su función y salvó al santo y a los vecinos de un Eria que enmudeció a su paso.

Este año el paloteo sonó solo en la memoria. Las ocupaciones de los danzantes impidieron que acompañaran la romería, aunque eso no supuso que el santo y la Virgen estuvieran solos. Multitud de lugareños y también vecinos de los pueblos cercanos desafiaron al Eria al ritmo de la dulzaina, el tamboril y la gaita.

Al otro lado del río, el Cristo Crucificado, que el pueblo custodia en la ermita, salió a recibir al patrón y a la Virgen del Rosario. Juntos emprendieron la subida hasta el templo, donde como es costumbre se rodeó tres veces. Pendón, pendoneta, santos. músicos y vecinos completaron así las nueve vueltas que según la tradición deben darse a la ermita entre la víspera y el día de la romería. Allí, y con las nubes dando una tregua, se leyó el mensaje que cada año se encomienda a un vecino. Al repique de las campanas, en esta ocasión la voz se elevó para reiterar que «la identidad de un pueblo se basa en no olvidar su historia». Por eso San Esteban de Nogales cumplió con el mandato. La tradición tomó cuerpo en las dos riberas del Eria y en las flores que los municipios de Villageriz, Castrocalbón, Santa Elena de Jamuz, Quintana del Marco, Genestacio, Alcubilla, Alija del Infantado y la anfitriona regalaron en la ofrenda.

tracking