Mucha medicina, el problema
Los doctores Gérvas y Pérez-Fernández denuncian los abusos de su profesión en ‘La expropiación de la salud’.
El autismo es un trastorno del neurodesarrollo que se ha convertido, desde hace algunos años, en un auténtico rompecabezas para los médicos. Intentan descifrar los entresijos del cerebro, descubrir las causas que provocan que los autistas se encierren en sí mismos y sean incapaces de expresarse de una forma normal. De momento, no hay soluciones determinantes para acabar con el autismo y tampoco se ha encontrado un medicamento concreto que ayude claramente a estos pacientes. Pero a pesar de esta ineficacia de los fármacos, un estudio de la Universidad de Drexel (Estados Unidos) publicado hace 18 meses en The Journal of Pediatrics alertaba de que dos tercios de los niños diagnosticados -se estudiaron 33.565 casos- estaban tomando un psicotrópico, cuando no hay evidencia científica de que su situación mejore.
Esta sobremedicación también preocupa a los doctores nacionales. La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) aseguraba que cada vez llegan más padres con niños menores de seis años a las consultas buscando una solución farmacológica porque piensan que sus pequeños padecen un Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH). Sin embargo, los médicos consideran que es muy complicado saber a esas edades si es TDAH o no. «Parece que si vemos un niño un poco movidito, enseguida lo etiquetamos y le medicamos», alertan Juan Gérvas y Mercedes Pérez-Fernández, médicos de cabecera que critican los excesos de su profesión en La expropiación de la salud (Los libros del lince). «Se abusa del diagnóstico de depresión, por ejemplo. Y se usan los antidepresivos de manera excesiva», añaden los médicos.
«En el 85% de los trastornos del sueño se prescriben psicofármacos de entrada, y eso que hay que tener en cuenta que toda demanda de sedantes o somníferos para un niño debe ser considerada como un verdadero factor de riesgo para el conjunto del proceso evolutivo», apunta el doctor José Luis Pedreira, jefe de la Unidad de Trastornos Mentales de Infancia, Adolescencia y Adulto Joven de la clínica La Luz de Madrid.
«Cada síntoma, cada cosa tiene que tener una pastillita, y eso no es así», comentan Gérvas y Pérez-Fernández, que quieren poner límites a esa expropiación de la salud del individuo.