EL SUICIDIO DE UNA MENOR ACOSADA
«Estoy cansada de vivir»
Los amigos de la joven de 16 años de edadque se quitó la vida por acoso dicen que el instituto conocía el caso; la Comunidad de Madrid suspende al director del centro

La joven avisó a algunos amigos a través de WhatsApp
«Estoy cansada de vivir». «No os metáis en líos». Estas dos frases llegaron a los móviles de unos cuantos adolescentes a través de WhatsApp a primera hora de la mañana del viernes. Todos ellos comparten un grupo de conversación de esta aplicación. Todos sabían lo mal que lo estaba pasando su amiga, de 16 años y con discapacidad motórica, por culpa de dos compañeros en el IES Ciudad de Jaén, situado en el madrileño barrio obrero de Orcasur.
La última jugarreta fue verter una botella de agua sobre ella en los pasillos del centro educativo el día anterior. Pocos chavales que recibieron el texto en sus celulares podían imaginar que ella decidiera ese viernes, 22 de mayo, arrojarse al vacío desde un sexto piso para acabar con su vida, harta que nadie hiciera nada por evitar el acoso que sufría a diario.
Una situación que, según las primeras investigaciones, se podía haber atajado si se hubieran activado los protocolos para terminar con el acoso escolar dentro del instituto y fuera. Porque los compañeros de la joven y la asociación de padres y madres denunciaron ayer, a las puertas del centro educativo que era vox populi lo que estaba ocurriendo, que todo el mundo estaba enterado. Sin embargo, los compañeros de clase de esta joven con discapacidad aseguraron que no se hacía nada. Algo que el director rebatió. «El centro se ha volcado en esta alumna, se ha atendido a su diversidad, y se ha estado atento a resolver todos los problemas que la han surgido, se han detectado y se han puesto todas las medidas posibles para resolverlos», argumentó Luis Carlos Pérez Aguado, director del Ciudad de Jaén, en un comunicado en la web del instituto.
«Conciencia tranquila»
«Tenemos la conciencia tranquila de haber hecho todo lo posible para ayudarla», se recoge en el texto en el que trasladaba sus condolencias a la familia de la fallecida, aseguraba que había sido «un duro golpe para todos» y pedía «respeto y ayuda para seguir luchando contra todo el dolor y la crispación» que ha generado el fallecimiento de la estudiante.
Pero las extrañas explicaciones de Pérez —y, sobre todo, los luctuosos hechos— provocaron su cese fulminante por parte de la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid. Sostiene que el director había incumplido el protocolo de actuación porque conocía «el caso previamente» y no había elevado «la denuncia a la dirección de área territorial o a la inspección educativa». Por estos motivos, se le abría «un expediente disciplinario y se le suspende cautelarmente de sus funciones». Unas medidas que se pueden ampliar, ya que los alumnos aseguraban que la jefa de estudios y algunos profesores conocían la situación de esta joven.
Fuera de las aulas, tampoco funcionó la respuesta policial. La familia de la joven denunció hace un mes en la comisaría de Usera la situación que estaba viviendo en el Ciudad de Jaén por culpa de estos alumnos que la humillaban, la obligaban a hace trabajos e incluso le pedían dinero parara abonar el bono mensual de transporte público. Unos días antes del suicidio, la familia amplió esta denuncia.