La ONU pide a los países aumentar su inversión en I+D hasta el 3,5% del PIB
España, que ocupa el vigésimo séptimo puesto en este apartado, apenas dedica un 1,2% a esta tarea.
Un equipo de investigadores que asesoran al secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, publicó ayer un informe con sus recomendaciones para cerrar la brecha entre países ricos y en desarrollo. Una de las claves, aseguraron, sería multiplicar la inversión en investigación y desarrollo hasta el 3,5% del PIB, algo que apenas cumplen cuatro naciones en el mundo.
«Aunque un objetivo del 1% del PIB dedicado a investigación y desarrollo ya se considera alto por muchos gobiernos, los países con un sistema efectivo y fuerte en investigación, ciencia y tecnología invierten al menos un 3,5%», aseguró el consejo de asesoría científica de Moon. «Si los países quieren romper su ciclo de pobreza y lograr sus objetivos de desarrollo sostenible -los próximos por venir, tras los objetivos del milenio- deben marcarse un objetivo mínimo nacional de inversión que sea elevado, así como dedicar recursos a la promoción de la ciencia básica y de la educación científica de su sociedad».
Ningún país de la Unión Europea dedica un porcentaje tan alto de su presupuesto a la investigación y al desarrollo. El que más se acerca, Suecia, dedica un 3,3%. Y solo tres Estados del mundo rebasan la cifra: Corea del Sur, Israel y Japón. España, en el vigésimo séptimo puesto de la lista, apenas dedica un 1,20% a esta tarea. En su mejor momento, en 2010, la proporción alcanzó el 1,31%.
El consejo asesor también recomienda algunas áreas específicas en las que debería centrarse la investigación, especialmente cuando atañe a los países en vías de desarrollo. «Soluciones energéticas alternativas y novedosas, filtros de agua capaces de eliminar patógenos en el lugar de uso, materiales de construcción robustos a partir de lo disponible en su región, nanotecnología para agricultura y salud, y una aproximación biológica a la producción industrial, a la restauración medioambiental y a su gestión».
Además de la investigación pura, los autores del informe apuestan por una educación científica que «permita establecer políticas que beneficien el bienestar a largo plazo de la humanidad sobre las decisiones cortoplacistas motivadas por ideología o dinero».