La ciencia da sus primeros pasos en nuevas estrategias para atacar al cáncer
Los expertos coinciden en asegurar que aún hacen falta varias décadas de investigación.
El cáncer es la segunda causa de muerte en el mundo, pero cuando se mira de cerca sorprende que no sea la primera. Los tumores asustan porque matan, pero matan porque están hechos para ser casi invulnerables. Aprovechan a la vez muchos puntos débiles del cuerpo que los gesta, y establecen un sistema de defensa de varios niveles. Desactivan el sistema inmunitario para que no pueda atacarlo, usan una proteína que los hace virtualmente inmortales, comen poco y crecen mucho, no envejecen, y sus células se reproducen a lo loco, como si fuesen una colonia de bacterias, lo que les permite desarrollar resistencia a todo tipo de fármacos. Y, sin embargo, cada vez son más personas las que lo vencen, y las que no lo logran viven más tiempo y en mejores condiciones. Además, en los últimos años han aparecido nuevas estrategias clínicas con potencial para revolucionar la lucha contra estas enfermedades. Los expertos, por lo general, coinciden en asegurar que aún hacen falta varias décadas de investigación, pero que antes o después se le pondrá freno y se ganará, o se hará una dolencia crónica como el sida.
El cáncer es el nombre genérico para lo que, en realidad, son más de 200 enfermedades diferentes. Y aunque tienen aspectos en común, cada una presenta sus propios retos tanto a los pacientes como a sus médicos y también a los investigadores. En lo que respecta a su tratamiento solo hay una aproximación que vale para todos: cuanto antes se detecte, mejor. Menos tiempo habrá tenido de causar daños, de extenderse o de dominar la situación, y por tanto, más fácil será de eliminar o controlar. En el resto, depende.
«La magnitud del problema es gigante por el hecho de que es mucho más fácil crear un fármaco para matar a un organismo ajeno a nuestro cuerpo, un virus o una bacteria, porque podemos encontrar actividades o proteínas en sus células que no se parezcan en nada a las nuestras, y que por tanto atacarlas sea inocuo», asegura Ana Vivancos, jefa del grupo de Genómica del Cáncer del Instituto de Oncología Vall d’Hebron. «Pero con el cáncer, las células vienen de nosotros y se nos parecen mucho, así que es difícil encontrar un medicamento que las ataque a ellas pero no a nosotros». Durante décadas, las principales estrategias -además de operar y quitar cuando se puede- han sido las quimioterapias y las radioterapias; eficaces, pero con durísimos efectos secundarios. Ahora, poco a poco, empiezan a aparecer fármacos que solo atacan al tumor, y que interactúan mucho menos con el resto del cuerpo. Se llaman terapias dirigidas y están en auge para tratar los casos más graves, aunque exigen hacer un estudio genético del tumor. En la actualidad ya están aprobadas unas pocas para determinados tipos de cáncer de pulmón, de mama y de colon.