Diario de León

Celebración a remojo

Agua como arma arrojadiza

La localidad de Molinaseca renovó ayer su tradicional celebración de la fiesta del agua, que este año reunió a más de mil personas.

Más de mil personas, de todas las edades, participaron en la guerra con cubos de agua y otras ‘armas’.

Más de mil personas, de todas las edades, participaron en la guerra con cubos de agua y otras ‘armas’.

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A. Romero | Ponferrada
Ponferrada

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La historia de la fiesta del agua es un tanto divertida. Todo empieza así: «Siempre se echaba agua por las calles del pueblo para limpiarlas y refrescarías. Un día del año 1954, se celebró una boda; los invitados querían divertirse y abrieron las compuertas del río un poco, como se hacía para limpiar; el agua salió por las calles y los invitados comenzaron a mojarse unos a otros con cubos. Desde entonces se ha hecho todos los años hasta que llegó a ser una tradición». Esa es la explicación que el Ayuntamiento de Molinaseca ofrece para dar un origen a su fiesta del agua.

Esta auténtica batalla campal provoca que cada año la gente se arme con sus mejores cubos y aguante bajo el chaparrón de agua que el vecino, amigo, conocido o desconocido le tira encima.

El objetivo de esta ‘actuación bélica’ no es otro que la diversión, pasar un buen rato y refrescarse. La única condición imprescindible para asistir al evento es ir armado con un cubo o caldero con el fin de responder a los húmedos ataques.

La concejala de fiestas, Elena Fernández afirmó se habían agotado todas las existencias de «cubos, chocolate y magdalenas» que el Ayuntamiento había dispuesto y catalogó el evento como «un éxito rotundo».

La fiesta del agua es la encargada de poner el broche final a la festividad del municipio en honor a Nuestra Señora de las Angustias y San Roque. Tradicionalmente, la guerra se celebraba a primera hora de la mañana del día 17 de agosto, después de la ronda de bodegas de madrugada y el chocolate mañanero, pero desde hace algunos años, el Ayuntamiento decidió realizar una segunda guerra por la tarde, a la que acude más gente, con el objetivo de que también los niños y el público más familiar pudiera disfrutar de esta tradición.

Un año más, el agua corrió libre por Molinaseca y la calle Real y la plaza del Rollo fueron testigos de las avalanchas de gente que buscaba mojar sin ser mojada.

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