Diario de León

Memoria histórica

El reestreno del búnker

El parque del Capricho de Madrid hará visitable un fortín de la Guerra Civil considerado único en Europa por su buen estado de conservación.

El búnker fue construido en la zona de Barajas en 1937 durante la Guerra Civil.

El búnker fue construido en la zona de Barajas en 1937 durante la Guerra Civil.

Publicado por
IRENE HERNÁNDEZ | MADRID
León

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Cubierto por toneladas de hormigón capaces de resistir bombas de hasta 100 kilos, con una superficie de unos 2.000 metros cuadrados y a unos 15 metros bajo tierra se encuentra el búnker del parque del Capricho de Madrid, un enclave de la Guerra Civil único en Europa por su estado actual de conservación.

Situado dentro de un jardín del siglo XVIII, este refugio de la Guerra Civil ubicado en el distrito de Barajas estará pronto disponible a las visitas del público, muchos meses después de que el Ayuntamiento de Madrid recogiese el testigo de una iniciativa ciudadana encaminada a abrirlo al público.

El refugio fue construido alrededor de 1937 —no se sabe exactamente ya que la documentación fue destruida— en un lugar estratégico como la localidad de Alameda de Osuna, un lugar tranquilo, lejos de los frentes de Madrid y bien comunicado, con presencia militar y con un arbolado propicio para el camuflaje. Una puerta gruesa, de acero negro y acorazada protege el reducto, realizado para defender al personal del cuartel general del Ejército del centro republicano en caso de bombardeos, que no llegó a utilizarse nunca y cuya construcción sirvió como modelo para los que se hicieron por toda Europa durante la Segunda Guerra Mundial.

Dentro, una escalera lleva hasta un paso pasillo central, a través del cual se acceden a las distintas habitaciones, cada una de ellas con un suelo diferente para, en caso de ausencia de luz, poder saber perfectamente dónde nos encontramos. En total, el búnker posee siete dependencias rectangulares (cuatro a la derecha y tres a la izquierda), cuatro salidas al parque exterior y una galería de escape a la calle que atraviesa el subsuelo del Palacio de los Duques de Osuna, ubicado dentro del parque y frente a la entrada principal del búnker. Para prevenir un posible ataque de gas, el pasillo —de paredes blancas y azulejos del mismo color, con unos 34 metros de largo, 2,5 de alto y 2 de ancho— tiene techos abovedados y conductos de ventilación preparados para enviar los humos a tres chimeneas exteriores. Y el suelo, de baldosas blancas y rojas, refleja la humedad del lugar, con una temperatura de 15 grados.

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