Diario de León

El clero de León se vuelve internacional

La Diócesis de León se ha convertido en un pequeño oasis en el desierto de vocaciones al sacerdocio que sufre el país gracias, en parte, al elevado número de seminaristas extranjeros que se forman hoy en la capital. Los últimos cuatro curas ordenados son de Guatemala, Polonia, Costa Rica y El Salvador

El costarricense Raúl Aguilar, el salvadoreño Santos R. Ramírez, el polaco Maciej Jurczyk y el guatemalteco Juan A. Girón son los últimos cuatros curas que se han ordenado en León

El costarricense Raúl Aguilar, el salvadoreño Santos R. Ramírez, el polaco Maciej Jurczyk y el guatemalteco Juan A. Girón son los últimos cuatros curas que se han ordenado en León

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PABLO RIOJA | LEÓN

«La prioridad de un sacerdote ha de centrarse, sobre todo, en estar con la gente pobre como hizo Jesucristo». Así encara su pastoral Santos Rafael Ramirez, uno de los últimos ‘obreros’ en sumarse a la mies leonesa. Una diócesis que, lejos de sufrir una crisis vocacional profunda —como ocurre en gran parte del país— renace con fuerza en los últimos años amparada en sus dos seminarios; el de San Froilán y el Redemptoris Mater Virgen del Camino. Desde 2010 se han ordenado ocho nuevos sacerdotes —los tres últimos lo hacían el pasado mes de diciembre en la catedral— y está previsto que este año haya, al menos, una más. Si la tendencia se mantiene —en la actualidad se forman 20 seminaristas— será la primera década en la que la cifra de nuevos sacerdotes aumente desde 1950, cuando la diócesis incorporó a 252 curas.

El secreto de este nuevo florecer se esconde, sobre todo, en el elevado número de seminaristas extranjeros que cursan sus estudios en la capital. Al igual que Santos —natural de El Salvador— los últimos cuatro sacerdotes ordenados en León son de Polonia, Costa Rica y Guatemala. Un clero cada vez más internacional que repobla parroquias y se integra en las costumbres de cada una de las localidades que pertenecen a la diócesis. A sus 29 años, Santos es desde ayer el nuevo párroco de Almanza y además llevará 18 pueblos más de la zona. «La gente que acude a misa es muy mayor, hay que evangelizar a los jóvenes demostrándoles que Dios no es aburrido sino que estar con él es la mejor de las fiestas», asegura. Tanto él como el resto de presbíteros recién salidos del seminario tienen claro que el sacerdocio «no es una profesión, ni una meta», sino más bien «un don del Espíritu Santo y una renuncia a tus proyectos personales», como confirma Juan Andrés Girón Baldizón, un guatemalteco que desde hace dos años lleva el mensaje de Cristo a Puebla de Lillo y otros seis pueblos. «Yo soy un mero instrumento, no un salvador», admite. De hecho en su día a día a veces se siente «un impedimento en la obra de Dios».

Implicado al máximo en la pastoral leonesa, pese a su corta experiencia no duda en apuntar que León necesita un cambio urgente en su forma de evangelizar. «La gente está cada día más alejada de la Iglesia, tienen heridas y juicios contra ella que urge sanar. Todos somos responsables, no sólo los curas». Al contrario de lo que pueda parecer, para este joven que pronto cumplirá los 30 «la Iglesia en España no está acabada, simplemente atraviesa un periodo de purificación». Considera que no es necesario convertir a las masas sino que «unos pocos sean coherentes en la fe y luz para los demás».

Su particular ‘truco’ para acercarse a los feligreses de su parroquia es haberse integrado como un vecino más de esa parte de la montaña leonesa. «Me siento muy acogido por ellos, aporto lo que puedo pero sobre todo recibo muchísimo de la gente». Confiesa Juan Andrés que poco a poco se están rompiendo algunos prejuicios contra los curas. «No hay más camino que el entregarse y dar la vida por el prójimo».

Por su parte, Maciej Jurczyk es el presbítero más joven de la diócesis. Llegó al seminario Redemptoris Mater Virgen del Camino en 2007 y hoy —nueve años después— es formador, ayuda en varias parroquias de la zona de Gradefes y viaja entre semana a Salamanca para completar sus estudios de Teología Dogmática. De los leoneses dice, con mucha profundidad, que en un principio «parecen no tener sufrimientos, su carácter es difícil de penetrar, pero una vez que rascas un poco son muy nobles y buscan respuestas en su vida a cosas trascendentales». Tiene clara su misión: llevar esperanza a las personas que la han perdido y no juzgar a nadie. «No soy mejor que ellos», puntualiza.

El ‘cuarto jinete’ en subirse hace sólo dos meses a lomos de la diócesis leonesa es el costarricense Raúl Aguilar, de 43 años. Es párroco de Gradefes y atiende a otros diez pueblos. «Me sorprende la religiosidad tan arraigada que tienen en general los vecinos de esta parte de la provincia». La media de edad de los feligreses es «muy elevada, apenas se ven niños» pero algo aflora los fines de semana. «Los jóvenes se implican al máximo en la parroquia, son muy voluntariosos y le dan mucho dinamismo». Un clero internacional extiende ahora su labor a lo largo y ancho de la provincia. Savia nueva que —desde la humildad— se esfuerza por mostrar la que debe ser la verdadera cara de la Iglesia.

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