Diario de León

SONSOLES VEGA MADRE DE GABRIEL

«Siempre tuve claro que no quería abortar»

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pablo rioja | león

La leonesa Sonsoles Vega, madre de Gabriel —un niño de cinco años con síndrome de Down— tuvo claro desde que se sometió a la prueba de la amniocentesis que no interrumpiría su embarazo. «Lo pasé mal al principio, sobre todo por el miedo y el desconocimiento, pero siempre tuve claro que no abortaría», asegura.

—¿Cuándo supo que su hijo tenía Down?

—Ya en la segunda ecografía los médicos me dijeron que el niño tenía un problema asociado a este síndrome. Hacia la segunda mitad del embarazo se confirmó. Recuerdo que se me vino el mundo encima, no sabía a lo que me iba a enfrentar. Los primeros días me quedé paralizada, luego decidí acudir a Down León Amidown para que me dieran información.

—Parte de la sociedad insiste en que lo mejor en estos casos es abortar. ¿Ni siquiera lo contempló?

—Tengo unos principios y no me dejo influenciar. Tuve un gran apoyo de toda mi familia. Y por supuesto es lo mejor que he podido hacer. No lo contemplé nunca.

—¿Tuvo complicaciones en el parto?

Sí. Gabriel tenía un problema de salud importante en el intestino y a los pocos días de nacer tuvimos que operarle en Salamanca, porque en León no hay cirugía pediátrica. Gracias a Dios todo salió bien, la operación fue un éxito.

—¿Cuándo dejó de tener miedo?

—Nada más que mi hijo nació. Desde entonces lo empecé a vivir con normalidad, no voy más allá del día a día, vivo el presente y cuando me surgen dudas me informo.

—Que le dice a la gente que aún cree que su hijo padece una enfermedad?

—Pues que están equivocados. Mi hijo está completamente sano, no es un niño enfermizo sino que tiene una condición genética diferente. También tengo la sensación de que existen muchos tópicos con el síndrome de Down que no siempre son ciertos. Por ejemplo se piensa que son personas que por narices siempre están contentas, pero al menos en mi caso no es así. Gabriel se enfada como los demás niños.

—¿Desde qué edad acude a centros especiales?

—Ya con un mes lo llevé al Centro Base de Atención a Personas con Discapacidad de León —que está en José Aguado—. Ahí comenzó con la estimulación temprana. Iba una vez por semana. Luego nos hicimos socios de Amidown, aunque como Gabriel no lo ha necesitado, no hemos empezado a llevarle hasta hace poco. Acude a estimulación y logopedia. Al mismo tiempo, desde los siete meses lo empecé a llevar a la guardería donde he de decir que estuvo cuidado por muy buenas profesionales. La evolución en aquella etapa fue muy positiva.

—¿Compagina las clases especiales con el colegio?

—Sí. Desde los tres años le matriculamos en el Colegio Público Camino del Norte. El trabajo de integración ha sido excelente. Su profesora le explicó al resto de niños que Gabriel no era un chico inferior, sino diferente. Aunque, por poner un pero, diré que el colegio anda escaso de asistentes (personal que ayuda a niños con discapacidad). Sólo tienen una persona y, aunque han solicitado más gente, desde la Junta de Castilla y León no han hecho nada por el momento.

—¿Y cómo responden el resto de niños?

—Hace años no había ningún programa específico para los niños con síndrome de Down, eran casi unos apestados para gran parte de la sociedad. Hoy, por el contrario, la integración es básica y se ha avanzado muchísimo en este y otros campos. De hecho, que los niños con esta condición genética estén en los colegios ayuda a los otros niños también.

—¿Qué futuro cree que le espera a su hijo?

—Tengo la esperanza de que pueda desempeñar un trabajo cuando sea mayor que le permita ser independiente.

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