LA ENTREVISTA
«El mundo teme al potencial de la enología española»
JESÚS LEDESMA LÓPEZ / ENÓLOGO

Ledesma es enólogo e ingeniero en Industrias Agrarias y de Fermentación por la Universidad Politécnica de Madrid. JESÚS F. SALVADORES
r. barrocal | león
Con casi dos décadas de entrega a su pasión, hacer vino, el enólogo Jesús Ledesma López asesora a casi una veintena de bodegas para las que ha elaborado unas 30 referencias de reconocidas marcas en zonas vitivinícolas tan dispares como Valencia, Madrid, Extremadura, La Mancha, Rioja y la Ribera del Duero.
—Usted, que tiene mucha experiencia en elaboración de blancos, ¿qué necesita el Godello del Bierzo para posicionarse mejor dentro del mercado?
—Comunicación, más publicidad. Es un pedazo de vino con unas cualidades de envejecimiento fabulosas. Pero quizá es más para restauración, para gente que busca algo diferente.
—¿Qué le sugiere el Albarín?
—Me parece una variedad con unas cualidades inmensas, muy aromática, que supone todo un soplo de aire fresco. Luego habrá que ver qué posibilidades tiene de futuro y cómo envejece. Todavía tiene poco recorrido pero al estar en zonas frías entiendo que dará una buena respuesta.
—¿Y el Prieto Picudo?
—Lo conozco menos, pero los que he probado me gustan. En tinto hace falta mucho trabajo, porque aquí el clima marca mucho.
—¿Qué cualidades destacaría de la Mencía que quizá no tienen otras variedades de uva?
—La finura y que es muy fresca. Como tiene una acidez muy marcada, el vino en boca es muy agradable. Personalmente me es más fácil beberme una botella del Bierzo —que es mucho más bondadoso— que un Toro. No es un vino de masas, aquí no se puede crecer excesivamente. Tierra de León produce menos de dos millones de botellas y Bierzo alrededor de ocho. Nunca van a tener los números de Ribera y Rueda y eso es muy bueno.
—¿Es tan importante como se dice la incidencia del cambio climático en la viticultura?
—Se están plantando olivos en Inglaterra, con eso lo digo todo. El cambio influye mucho y nos estamos preparando. Ahora hay más tecnología pero tienes que trabajar más para hacer lo mismo que hace 15 años. Con el cambio climático hay un impacto real en los vinos. En nuestro caso queremos mantener el estilo Ribera pero con un material vegetal que no es el nuestro. León, sin embargo, está más protegido.
—Están muy de moda los enólogos. ¿Considera que ese reconocimiento mediático es una deuda histórica con su figura?
—En los años ochenta nadie quería saber nada del vino y su relación con el tenía mala imagen. A mí no me tocó de cerca pero sí a mi familia, que venía del campo. Lo que había en las bodegas eran químicos, de ahí la mala fama que ha tenido el vino siempre porque la gente pensaba que le echaban químicos. En los 90 llegó el boom de Ribera del Duero y se empezó a mover un poco más la cosa. Entiendo que esta profesión ha venido de menos cero, incluso en las bodegas, donde antes no se podía entrar. Nos hemos dado cuenta que tú haces un producto y tienes que enseñar tu casa, informando de lo que haces y cómo lo haces. Los enólogos hemos ido puliendo esa visión comercial tan necesaria. Como suele decirse, si la gente no te ve, no existes.
—¿Tiene la enología española algo que envidiar a otras tradicionalmente más reconocidas como puede ser la francesa?
—En absoluto. De hecho el sector mundial teme al potencial de la enología española pero, como somos en parte muy quijotes, no solemos defender ni valorar las cosas buenas que hacemos respecto a otra gente. Quizá somos más puristas que otros, pero hacemos cosas muy buenas. Por ejemplo en graneles somos los mejores del mundo. Pero sí es cierto que no sabemos vender el valor añadido que tenemos en España con respecto a otros.
—Hay viñedo histórico del Bierzo que se está perdiendo por abandono. ¿De quién es la culpa y qué se puede hacer?
—Es una pena, pero no se puede echar la culpa a alguien o algo en concreto, existen muchas variables. Antes una familia podía vivir del vino cultivando dos hectáreas. Hoy, sin embargo, una persona con 30 hectáreas vive al día. Está claro que algo hacemos mal. En los sitios pequeños es complicado hacer vino. Hemos dejado de mirar al campo para marcharnos a las ciudades. Hay que publicitar más ese trabajo y considero que León aún está tiempo de evitar que esa actividad desaparezca.