El lío político y la bajada de bandera
Setenta extranjeros procedentes de distintos puntos del país se examinaron ayer en el Centro de Idiomas de la ULE de su españolidad, un examen obligatorio desde este año para conseguir la nacionalidad. Lo más difícil, entender el funcionamiento de la política, el Congreso, el Senado y expresiones como ‘bajada de bandera’.

Tres de los aspirantes a conseguir la nacionalidad española
carmen Tapia | león
«Entender las cosas de la política en España es lo más difícil». A la colombiana María Viveros, que se desplazó ayer a León desde Asturias para presentarse al examen que le permita conseguir la nacionalidad española, le cuesta entender el funcionamiento del Congreso y el Senado. Lleva cuatro meses estudiando para superar un prueba obligatoria por primera vez desde este año, un sistema poco valorado por los extranjeros y que según algunos de los que se examinaron ayer «sólo sirve para que el Instituto Cervantes recaude dinero».
700 extranjeros se examinarán este año en León. Ayer hicieron la prueba 70, el primer grupo consolidado con el límite de matrículas establecidas por el Instituto Cervantes, que es quien diseña y gestiona las pruebas, ante la avalancha de solicitudes. Los test se realizan en el Centro de Idiomas de la Universidad de León una vez al mes.
Ayer llegaron a León personas nacidas en la República Dominicana, Cuba, Colombia, Paraguay, Brasil, Pakistán, Nigeria, Ecuador, Marruecos, China, Nicaragua, Bosnia, Suiza, Venezuela, Chile, Rusia, Bolivia, Turquía, Mali y Senegal. Durante 45 minutos demostraron sus conocimientos constitucionales y socioculturales de España. Es la prueba CCSE, dos de las establecidas en la Ley 19/2005, en vigor desde el 15 de octubre, que modifica el procedimiento para conseguir la nacionalidad, un nuevo trámite legal por el que ya han pasado 228 personas en León. Los que hablan otro idioma tendrán que superar además otro control, el examen DELE (Diploma de Español como Lengua Extranjera». Es el caso de Li Bing, de nacionalidad china. Bing tiene 36 años, está casado y vive en León desde hace diez. «Me presento al examen para tener más facilidades. Regento un negocio en León, mi mujer no tiene la nacionalidad y ahora tengo que renovar la tarjeta de residencia cada cinco años». Para Bing lo más difícil de la prueba ha sido entender las leyes y las costumbre. «Hay una pregunta que me costó mucho trabajo entender. ¿Por qué se llama bajada de bandera a una tarifa de taxi?». Esa pregunta cae en el examen.
Si aprueba , la suiza Katherina tendrá que examinarse también de español. Todavía no entiende muy bien el idioma. Llegó a León el miércoles por la noche procedente de Asturias. La acompaña su marido, que es español. «En la familia somos cuatro. Mis dos hijos son españoles y la única que no tiene la nacionalidad soy yo». Su marido se pregunta: «Para qué toda esta historia?» Para presentarse a la prueba ha tenido que pagar 85 euros y los que le quedan por la tramitación de todos los expedientes, entre los que se encuentran un certificado de buena conducta y documentos acreditativos de su país de origen.
El Centro de Idiomas de la ULE ha diseñado por primera vez este año un curso específico para preparar el nivel A2 de español, un curso que hasta este año no existía.
El papeleo y la gestión de los documentos sobrepasa a muchos aspirantes. María Viveros, que trabaja «de limpiadora en una casa», le costará la nacionalidad mínimo 540 euros «porque lo he puesto en manos de una gestoría. Todavía queda mucho papeleo». Si aprueba, espera tener más facilidades para encontrar un empleo.
«La política no está tan presente en los medios en Colombia, por eso nos cuesta más entender el funcionamiento aquí en España», asegura Frank Quintero, de 36 años, que acompaña a su mujer Yuli. Ella lleva tres años en León y opina que es «muy interesante» que exista un canal de 24 horas de información. La pregunta sobre ese canal también cae en el examen.
La cubana Xioana vive en León desde hace 19 años. «Mi vida está aquí. Para viajar a Cuba tenía que pedir permiso tres meses antes. Ahora eso ha cambiado, pero yo no me fío mucho. En veinte años he ido dos veces a Cuba. Asegura que su mayor dificultad para superar la prueba está «en el funcionamiento del Congreso y el Senado, no logro entenderlo»