Veinte menores de León buscan familia
La Junta y Cruz Roja apelan a la solidaridad para encontrar hogares Nueva campaña para aumentar los acogimientos .
El presidente de Cruz Roja, José Varela, y Alicia García (segunda por la derecha) . DIEGO DE MIGUEL
c. tapia/ agencias | león
Veinte menores leoneses están en centros protegidos por la Consejería de Familia a la espera de encontrar un hogar estable que les permite normalizar sus vidas. Otras 63 familias tienen en sus casas a 64 menores en régimen de acogimiento temporal a la espera de que la situación de su familia biológica supere la dificultad social o de salud que obliga a los servicios sociales a hacerse cargo de sus hijos hasta que son mayores de edad.
La Cruz Roja y la Consejería de Familia presentaron ayer una campaña de sensibilización para difundir y fomentar el acogimiento familiar de niños y niñas en situaciones de necesidad en la Comunidad.
Bajo el lema «Todos los niños quieren una familia para ser felices. Acoge y comparte la felicidad», el presidente de Cruz Roja en Castilla y León, José Varela, aseguró que «son necesarias más familias para acoger a los 70 niños que ahora mismo necesitan una en la Comunidad».
La esencia de estos programas de acogimiento es que los niños en riesgo de exclusión social puedan crecer en ambientes familiares para garantizarles su libertad y dignidad como personas, explicó Varela.
Al acto de presentación asistieron Sara y José Luis, un matrimonio castellanoy leonés que lleva nueve años acogiendo en su casa a niños y niñas necesitados de un nuevo hogar, debido a que sus familias biológicas no los pueden atender como debieran. «En estos nueve años han pasado seis niños por nuestra casa y es una experiencia que te hace crecer como familia», ha asegurado Sara, quien también ha querido «desmontar ciertos miedos» que tienen las familias reticentes a acoger niños y niñas en sus casas.
Algunos de estos miedos, como explicó Sara, son qué vínculo y relación tendrán los hijos biológicos con los acogidos o con otros miembros de la familia. La respuesta es que es «una experiencia enriquecedora para todos, pues aumenta el altruismo de los hijos propios al aprender de la madurez de niños menores que ellos cómo lo han pasado en la vida».