Diario de León

Del infierno también se sale

Quienes abren la puerta. Arba es la Asociación de Alcohólicos Rehabilitados de La Bañeza. Para muchos la vía de escape que necesitan para dejar atrás una adicción que les ha llevado a perderlo todo. «Se sale y se puede», repiten

Juan abraza a Aroa en la sala de terapia, donde los usuarios y familiares comparten sus experiencia. Detrás se lee: «También se vive sin alcohol».

Juan abraza a Aroa en la sala de terapia, donde los usuarios y familiares comparten sus experiencia. Detrás se lee: «También se vive sin alcohol».

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a.g. valencia | la bañeza

Hay que pensar una frase para ponerla en el encerado. «También se vive sin alcohol», dice la trabajadora social. Esa idea es como un mantra que a diario se repite en la Asociación de Alcohólicos Rehabilitados de La Bañeza (Arba). Es el lugar que abre la puerta a la felicidad. Con pies de plomo, mucho coraje y valentía, «pero del infierno también se sale», dicen Juan y Aroa, dos pacientes que acuden a las reuniones de esta asociación bañezana, que da las claves para conseguir una nueva vida.

«A los tres años sin probar el alcohol consideramos que están rehabilitados, pero hay quien necesita más tiempo para recibir el alta. No obstante, la mayoría de los usuarios continúan después para aportar su granito de arena, para ayudar a los demás.», asegura la trabajadora social del centro, Lucía Fernández de la Torre. Estos grupos de autoayuda son parte del éxito en la andadura de quien quiere dejar de beber. Juan, lleva años en abstinencia, pero ya no puede pasar un viernes sin ir al grupo. Aroa no ha probado la bebida en el última año y reconoce que compartir su experiencia con el resto de compañeros le hace seguir diciendo adiós a la adicción. El ejemplo y la amistad de los alcohólicos en recuperación ayuda a los recién llegados en sus esfuerzos por dejar de beber. Comparten sus vivencias y les transmiten la necesidad de sustituir las metas a largo plazo por otras más recientes. Centran sus energías en evitar esa copa en el día de hoy.

Arba trabaja con los enfermos y sus familiares, un puntal en la rehabilitación. El objetivo es que ellos también entiendan el problema y tengan pautas para actuar. «Muchas veces, por desconocimiento, hacen todo lo contrario», señalan. Juan y Aroa llegaron a la asociación tras un ultimátum de sus seres más queridos. «Tras muchos años de excesos, llegué casi obligado», dice él, que ahora es, además, el presidente de la asociación. «Llegué con la intención de estar una temporada y después seguir haciendo una vida normal, aunque si sigues aquí te das cuenta que lo de antes no era lo lógico», confiesa Juan, un luchador que encontró en las terapias la nueva vía de escape que necesitaba. «Escuchar y conocer las vivencias de otros fue lo que más de ayudo», subraya, por eso él es ahora uno de esos veteranos que da a conocer su experiencia a los recién llegados.

«La familia es fundamental, si ellos también asisten, las terapias pueden continuar en casa», afirma la trabajadora social. «Y claro que se sale del problema, lo más importante es la constancia y venir a las reuniones».

Aroa no tiene todavía 30 años pero ya sabe lo que es tocar fondo. Empezó a beber cuando apenas tenía 12 años. Lo consideraba algo normal, hasta que el bucle la atrapó. Decidió ponerle freno hace un año. Ahora sonríe. «Verte en la espiral es jodido», confiesa.

El alcohol es actualmente la droga que más muertes provoca en España y está cambiando el perfil del enfermo. «Cada vez el problema afecta a gente más joven, entre otras cosas, por las consecuencias del botellón», asegura la trabajadora social. «Por eso en fundamental la prevención», dice, en todos los alcohólicos el problema no es la última copa, sino la primera.

Al no beber, los alcohólicos se recuperan físicamente con rapidez. Sin embargo el alcoholismo es una enfermedad que no solo afecta al cuerpo. Para alcanzar una sobriedad duradera se necesita también una mente sana y unas emociones equilibradas. Ahí también está Arba, que arroja pautas psicológicas.

Aroa y Juan aseguran que dejar de beber es tan difícil como te lo quieras plantear. «Si llegas aquí cuanto antes lo dejaras mejor», dicen, el problema es que cuesta reconocer la adicción. «En la asociación empiezas a ser conscientes de que la rutina sigue ahí fuera y que no tienes que probar el alcohol, entonces piensas, ¿Qué voy a hacer ahora?, Se puede pero lleva tiempo, aunque cuando llegar a Arba ya has perdido todo lo demás. Lo sabes», confiesan.

Aroa ha roto con el pasado, ha perdido falsos amigos, pero como él, ha ganado una familia. «Reconocer el problema ante uno mismo es muy duro y la sociedad no es consciente de hasta donde se está llegando con este patrón de consumo», subrayan, mientras repiten que de rehabilitarse no hay que avergonzarse, hay que avergonzarse de lo de antes. Pero, «claro que sin alcohol también se vive, y mejor», ese es el mantra que vuelve.

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