Canet de Mar pone de moda a León

El viaje de Tilsa. Los monumentos leoneses, el mundo rural y las minas que sirvieron de escenario a las minifaldas de los 60 hechas en la desaparecida Textil Leonesa lucen en una antigua fábrica de Canet de Mar con motivo del 90 cumpleaños del fotógrafo Eugeni Forcano.

Una antigua fábrica textil acoge la exposición 'Forcano y la moda de los 60' hasta el 29 de mayo.

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ana gaitero | canet de mar

Canet de Mar (Barcelona) y León mezclan sus aires continentales y mediterráneos en la memoria recuperada de Tilsa. El pasado de la industria textil teje un punto de unión a través de las fotografías de Eugeni Forcano realizadas en León en los años 60, cuando la minifalda de Mary Quant hacía furor, poco después de que The Beatles actuaran en la Monumental de Barcelona, y en Las Ventas de Madrid, The Rolling Stone estrenaran I can get no (Satisfaction) y la Chica Ye-yé revolucionara las salas de baile.

La cuna del Modernismo, Canet de Mar es la villa natal de Doménech i Montaner, y uno de los centros fabriles de referencia del sector textil catalán, con su Escuela de Tejidos de Punto, pone de moda a León durante el mes de mayo. Con motivo del 90 cumpleaños de Eugeni Forcano, el fotógrafo que retrató a León en minifalda por encargo de la Textil Industrial Leonesa y más en concreto de su director, José María Riba Marsal, el Ayuntamiento de Canet de Mar, a cuyo frente está la alcaldesa Blanca Arbell, y la Casa Museu Doménech i Montaner han organizado la exposición Forcano y la moda de los 60 en una antigua fábrica de tejidos de punto.

El maestro pastelero Campassol homenajeó en dos típicos Vitralls de Canet de Mar a Diario de León y Liper

Las fotografías tomadas en León entre los años 68-70 para Tilsa son un escaparate singular de los monumentos leoneses más señeros, como la Catedral, la Cerca Medieval, el Parador de San Marcos recién inaugurado y el santuario de La Virgen del Camino. Captan el ambiente rural y paisajístico de la provincia en aquellos años del desarrollismo económico. E incluso el negro, pero lustroso y entonces próspero carbón luce en unas composiciones que trascienden la aparente frivolidad de la moda.

«Todas las fotos que puse allí tenían un sentido simbólico», comenta Eugeni Forcano. Acostumbrado a «atrapar la vida» con sus instantáneas para las portadas de la revista Destino, donde trabajó durante más de una década, hasta que pasó a manos de la Banca Catalana de Jordi Pujol, el Premio Nacional de Fotgografía 2012 mezcló sin estridencias el glamur de las modelos con la sencillez de las gentes del pueblo y la vida en la fábrica. «Una de las fotos más inesperadas es la del mecánico, aquel señor mayor. Para mí significaba el corazón y el motor de la empresa porque ponía en funcionamiento toda la fábrica», explica. Era el retrato de «un hombre humilde y entregado a su trabajo».

Forcano vio «un nuevo crucificado» en la composición de una modelo con los brazos abiertos que sobresale sobre los obreros en una de las máquinas circulares en Tilsa.

El fotógrafo tampoco olvida la escena de los aldeanos que retrató al lado de las jóvenes en minifalda. «Vinieron las mujeres del pueblo a echarnos. Tenía sentido que vinieran a pelear porque estaban en un mundo que no se imaginaban, eran felices».

Contraste del glamour y la fuerza del trabajo en Tilsa.

De fabulosa califica la escena de los mineros capturados con sus cascos y en traje de faena en el pozo Balanza de Santa Lucía de Gordón: «Nos vinieron a abrazar a las chicas y quedaron negras. Fue espectacular», recuerda en su casa de Canet de Mar. Con ellas bajó a 400 metros de profundidad para realizar los posados en el corazón de la mina.

Durante tres años Forcano trabajó en León en el proyecto de Tilsa. «Todos fueron completamente distintos», apunta. En la etapa monumental del primer catálogo «chocamos con los curas». Su idea era entrar en la Catedral para retratar a las modelos junto a las vidrieras. «Pero fue imposible, ya les pareció muy mal que las subiéramos a la verja. Nos hicieron bajar». También recibió algún susto a cuenta de Tilsa. Tiempo después recibió una extraña visita en su estudio, situado al lado de la Jefatura de Policía de Barcelona. «Me vinieron a recoger sin decirme de qué se trataba y una vez que estuve allí me dijeron que se trataba de una foto que había hecho de la madre de un teniente coronel de Madrid que le parecía ofensiva. Yo le dije que era un encargo de Arias Navarro y no me molestaron más», relata.

La empresa, creada por el Banco Industrial de León hace 50 años, se nutrió de técnicos catalanes. José María Riba, formado en la Escuela de Tejidos de Canet de Mar, trajo consigo a operarios cualificados de la industria textil de punto como José Luque.

El estudio productivo fue ejecutado por Fernando Zabala, un vasco que trabajaba por entonces en Cataluña. También Antonio Escoriza vino desde la entonces pujante industria catalana. El que sería el último director, José María Alsina, y trabajadores como Joaquín Roig, otro alumnos de la escuela de Canet, hoy convertido en centro de investigación de tejidos.

Riba y Forcano se conocían de Canet de Mar. El fotógrafo porque nació en la villa costera del Maresme y el técnico, con grandes dotes para el dibujo y diseño, se casó allí. Una historia de ‘oficial y caballero’ que se repitió entre las jóvenes canetenses y los estudiantes de la Escuela de Tejidos, que llegaban estudiantes de todos los puntos del país. Era la única de su especialidad en España y llegó a ser centro de referencia mundial, especialmente en América Latina.

Mercedes López Rodríguez es monja dominica, de la orden del padre Coll, y ha desarrollado su vocación en Cataluña. Desde hace cuatro años vive en Canet de Mar. Al ver la exposición de León se acercó a la vieja fábrica y se llevó la sorpresa de encontrar a su pueblo, Paradilla de la Sobarriba (Valdefresno), en las fotos de Eugeni Forcano para Tilsa.

Joaquín Roig Camillo es vecino de Canet de Mar y estudió en su escuela de Tejidos de Punto. Al salir, no encontraba trabajo «porque no tenía experiencia». Su profesor le ofreció venir a León y estuvo un año en la moderna fábrica. Recuerda Guzmán, la plaza de Toros, la pensión, el autobús.

En León juntaron sus espíritus inquietos y creativos en los catálogos de Tilsa. Gracias a este legado la historia de Tilsa ha resurgido tras su dramático cierre en 1976 y el derribo de la fábrica de la carretera de Vilecha en 1983 para construir Mercaleón.

«La historia de Tilsa es la historia de muchas fábricas y recuperarla constituye también un homenaje a los cientos de técnicos que salieron formados de la Escuela de Tejidos de Canet, no sólo a Tilsa sino a muchas fábricas de España», resaltó Miquel Soler, director de la Escuela de Tejidos de Punto de Canet de Mar.

Tras un parón en la enseñanza por la crisis del sector textil, la escuela combina la formación con los proyectos de innovación de Cetemmsa para investigar nuevos tejidos. Ya ha hecho encargos para Airbus, Relatos, Seat, Velcro y otras empresas.

Salvador Munrabá, comisario de la exposición y director de la Casa Museu Doménech i Montaner, que tiene un espacio dedicado a Forcano, agradeció la iniciativa llevada a cabo en León por rescatar el legado de Forcano en Tilsa. El concejal de Cultura, Quirze Planet, recordaba su época de viajante textil en León y especialmente a clientes como Rabanillo.

Los reportajes publicados en Diario de León dieron pie a la iniciativa de Aldimo de realizar la exposición Tilsa & Forcano que tuvo lugar en el Museo de León, con el apoyo de la Diputación provincial de León, en los meses de diciembre y enero pasado con motivo de la Semana de la Moda 2015, comentó la directora de la Escuela Liper y vicepresidenta de Aldimo, Brezo Rodríguez.

Los hilos de Tilsa en Cataluña ha puesto de moda a León en Canet de Mar, que tendrá abierta su exposición hasta el 29 de mayo en homenaje a los 90 años de Eugeni Forcano. Pero Canet de Mar y León tienen en común algo más que su pasado textil, los espectáculos de Els Comediants, compañía afincada en Canet que ha animado algunas fiestas de San Juan en la capital del viejo reino o los recuerdos de la juventud leonesa que acudió al mítico festival Canet Rock de 1975.

Las dos cultivan el arte del vitral. Si León cuenta con las más espectaculares vidrieras medievales en su Catedral gótica, la villa del Maresme se jacta de tener el primer y último edificios modernistas, ambos de Doménech i Montaner.

En los espectaculares vitrales de la Pulchra leonina, Riba vio el colorido para los tejidos estampados de los años 60. En las modernistas, el gremio de pastelería ideó hace unos años los Vitralls de Canet de Mar, para estimular sus negocios y contribuir al bien común, como apunta el maestro pastelero Joaquim Campassol. Dulces hilos del presente que van más allá de la nostalgia.

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