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pEDRO TRAPIELLO
León

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Si a partir de los cuarenta cada persona es responsable de su cara (es el carácter lo que dibuja las arrugas bellas o el rictus de malafolla), la de Carlos Romero delataba un estilo apacible y la ávida curiosidad de quien persigue admirarse tras los milagros de la vida que él buscaba (y encontraba) en las plantas, esa factoría de químicas y bellezas... porque Carlos era biólogo botánico y a la vez ingeniero forestal, carreras inconciliables a veces, por no decir enemigas, cosa que intentaba resolver él soñando naturalizar el monte geométrico, animar al bosque natural y escudriñar la flora menuda a la que nadie mira porque o no vale o no se come o no les sirve... esas plantas menudas, espartanas, supervivientes, aferradas a una peña rebeca o humilladas entre pasto cervunal... porque a veces son las últimas plantas de su familia... o las primeras, quizá, que las plantas también evolucionan, se adaptan a lo que sea y se hacen especie propia, endemismos singulares de un lugar concreto, como la docena que Romero descubrió y catalogó en esta provincia, plantas que no existen en ningún otro lugar del planeta.

Llegó a León destinado al Icona (le tocó aquella saprolegnia que estragaba truchas) y después en Medio Ambiente. Dio un tiempo clases en esta universidad, pero igual que le desalentaban las mandangas ingenieriles, le espantaba la conjura académica y la poca gana de averiguar. A veces le vi triste, pero siempre impaciente e ilusionado por la pendiente tarea que exigían las tierras y montañas de un León botánicamente prodigioso, desconocido y, consecuentemente, despreciado o arrasado. Quizá es que no era leonés y por eso amaba esta tierra que empezó siendo escalafón y le acabó en patria

Carlos se ha ido con su norma discreta y, como tantos, me he quedado sin el doctor al que chuleaba instrucción botánica. Le debo miradas irrepetibles a los árboles más ancianos de esta provincia y a las menudencias más admirables... con él aprendí algunas de las palabras o peroratas que saben largar las plantas, incluso gritos.

Tendré que contarte más de este amigo de entraña y doctor en flores.

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