Los controles evitan la violencia en Villahierro

Imagen de la cocina de la cárcel de Villahierro. PEIO GARCÍA
cristina fanjul | león
La violencia que en años anteriores habían sufrido los reclusos musulmanes de Mansilla que se negaban a respetar el Ramadán ha desaparecido este año gracias a los controles y a la vigilancia que se ha ejercido sobre los presos. Fuentes del interior de Villahierro constatan que este año han cumplido con esta práctica alrededor de 120 reclusos, mientras que muchos otros han preferido continuar con su ritmo de vida habitual. No obstante, las mismas fuentes alertan de que todos los que deciden abdicar del ayuno sienten miedo ante situaciones de acoso sufridas a manos de otros fieles musulmanes. «A los funcionarios les han confesado que están atemorizados por las amenazas de presos fundamentalistas», explican las mismas fuentes. Este tipo de situaciones se producen a pesar de que una de las cosas que prohíbe el Islam durante este mes es discutir. Hace doce años, el módulo seis de la prisión se convirtió en el escenario de una refriega entre
internos que se saldó con cuatro heridos de diversa consideración. El conflicto se originó cuando un grupo de presos musulmanes procedentes de la región del Kosovo declinó la invitación a participar en los rituales propios de la celebración del Ramadán; la negativa, que parece a todas luces el detonante del conflicto, fue reprochada por otro grupo de internos más numeroso, oriundos de países magrebíes y después de un cruce de acusaciones se fraguó entre ambos colectivos una pelea en la que llegaron a implicarse una veintena de internos.
Trabajo vs ayuno
Cada vez son más numerosos los internos musulmanes que realizan trabajos en la cárcel, lo que les hace difícil cumplir con el ayuno religioso. Pese a lo que podría pensarse, no son los reclusos yihadistas los que en otras ocasiones han generado los problemas durante este mes, sino presos comunes.
Por otro lado, cabe destacar que los comedores de la cárcel no se han abierto al caer el sol con el objetivo de preparar la comida de los internos musulmanes. «Lo que se hace es reservar la del almuerzo y servírsela en la cena», destacan. Y es que son muchos los internos musulmanes que realizan trabajos en la cárcel, lo que les hace difícil cumplir con el ayuno religioso.
La prohibición de ingerir alimentos se refiere también a los medicamentos, con lo que los reclusos intentan adaptar sus tratamientos al Ramadán.
Por todo ello, durante este mes, las cosas cambian en Villahierro. Durante el Ramadán, como el resto del año, los musulmanes pueden cumplir, en su celda o en el módulo correspondiente con las cinco oraciones diarias que marca su religión.