Diario de León

La elitización del campo

Las nuevas migraciones permiten contemplar fuentes de riqueza y empleo alternativas a las labores agrícolas tradicionales y serán decisivas para reactivar las zonas rurales

Las ecoaldeas comenzaron a aparecer en la provincia con la llegada de la crisis. JESÚS F. SALVADORES

Las ecoaldeas comenzaron a aparecer en la provincia con la llegada de la crisis. JESÚS F. SALVADORES

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cristina fanjul | león

Una de las consecuencias de la desagrarización del campo ha sido un peculiar proceso de gentrificación. Este fenómeno, que ha tenido su máximo exponente en las grandes ciudades, comienza a manifestarse en el medio rural de la provincia. Explica el catedrático de Antropología Social de la Universidad de León, Óscar Fernández, que en el campo leonés se producen dos procesos de manera simultánea: geriatrización y gentrificación, y sostiene que las administraciones no están aprovechando el potencial que supone esta transformación.

El investigador subraya que la gentrificación, o elitización, es un proceso impulsado por sectores sociales preparados desde el punto de vista académico y profesionales con un poder adquisitivo medio alto. «Buscan instalarse en el campo y crear un modo de vida distinto al que se impone en el sistema social y económico hegemónico», precisa, y añade que les mueve la atracción por un estilo de vida del medio rural, al que han asignado nuevos usos cada vez menos agrícolas y cada vez más residenciales. En la provincia, estos movimientos se han concentrado en las zonas periurbanas, en Astorga, en la ribera del Torío y en Garrafe.

Los beneficios de este proceso son muchos. La demanda en materia de servicios es uno de ellos e induce, en consecuencia, una fuente importante de empleo. Óscar Fernández advierte de que el éxito de esta nueva migración depende en gran medida de la respuesta que la administración ofrezca. «Estas familias necesitan conexión a internet, colegios, médicos, suelen requerir servicio doméstico, con lo que precisan de medios públicos de transporte adecuados», aclara el profesor, que sostiene que por el momento las instituciones no han visto el potencial que la gentrificación supone, con lo que sus políticas no acompañan los procesos sociales. Óscar Fernández revela, por ejemplo, que hay zonas en la provincia que se enmarcan dentro de lo que los sociólogos califican de «ruralidad profunda». En estos lugares, la conexión a internet es complicada y se produce un conflicto conocido con el nombre de bifurcación entre los recién llegados y los nativos. «Las formas de vida tradicionales son molestas para los recién llegados», destaca el catedrático. Además, Óscar Fernández incide en que la forma de vida tradicional del campo llega de una serie de recursos compartidos en el que participaban los habitantes del pueblo que éstos se resisten a ceder al recién llegado.

Utopía del refugio

Otro de los movimientos que se están produciendo es el conocido como utopía de refugio. «Cada vez son más los que se trasladan a zonas rurales en busca de una arcadia perdida», manifiesta el investigador, para quien el origen de este proceso está en 2008. «Fue entonces cuando la dificultad económica hizo que se buscara una utopía de arraigo». Así crecieron las ecoaldeas, que en León tienen su máximo exponente en Matavenero, si bien han germinado en otras zonas, como Requejo de Pradorrey. Allí se desarrolla un proceso conocido como WWOOF, siglas de willing workers on organic farms (trabajadores voluntarios en granjas orgánicas). Se trata de una red internacional que pretende ser útil tanto a las granjas rurales que trabajan principalmente con métodos ecológicos y sostenibles, como a los voluntarios que quieren trabajar en ellas. «En este sentido, sirve, de forma inmediata, para coordinar la oferta de granjas que aceptan ayuda voluntaria y la demanda de voluntarios que desean experimentar y ayudar en un entorno rural», explica Fernández en la investigación Entre la evasión y la nostalgia. Estrategias de la neoruralidad desde la economía social.

El antropólogo destaca que en el imaginario social de este modelo de neoruralismo hay un cuestionamiento de la sociedad industrial. Se rechaza el consumismo y el modelo de explotación abusiva de los recursos naturales. «Trasluce una protesta contra el proceso de desertización masiva de los pueblos y una exaltación de la vida en comunidad de los pequeños pueblos, celebrando la grandeza de la vida rural», sostiene el catedrático

En estas nuevas ruralidades tiene una especial importancia la geriatrización, el retorno al campo de los que, con la jubilación, deciden regresar a las raíces. «Son pensionistas que mantienen su huerto de subsistencia y que, a pesar de no poder ser titulares de la explotación, siguen manteniendo la demanda de servicios. Esta vuelta a los orígenes se da sobre todo en los lugares de la provincia en los que la ruralidad es más profunda, debido a que son las zonas que más sufrieron la emigración. «La gente necesita comer, por eso la crisis hizo que el campo volviera a ser un refugio de vida», subraya el catedrático.

La revolución femenina

Pero, sin duda, el cambio más significativo que ha sufrido el campo en los últimos años ha sido el que tiene como protagonistas a las mujeres, si bien los procesos de emancipación femeninos en el ámbito urbano no se han reflejado en el campo. El principal motor de la visibilidad llegó con la Ley de Titularidad Compartida, que ha dado por primera vez poder a las mujeres para ejercer el poder de decisión en las explotaciones agrarias. La función de esta normativa ha sido esencial para reconocer la labor de cientos de miles de mujeres del campo español, ofreciéndoles ser cotitulares del medio de vida familiar, cotizar por su trabajo y beneficiarse de subvenciones y prestaciones sociales en igualdad de condiciones. Castilla y León es, según explica Óscar Fernández, una de las comunidades que con más éxito ha aplicado esta ley, hasta el punto de situarse en el segundo puesto de toda España en el número de mujeres en beneficiarse de ella.

Y es que, a pesar de que hasta ahora las mujeres han sido sujetos invisibles, su trabajo ha supuesto, según la ONU el 70% de la producción agraria mundial.

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