En las trincheras del callejero

La querella interpuesta por Eduardo Ranz para cambiar los nombres franquistas en cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica hace aguas. Muchos de los nombres que aparecen en ella eran políticos liberales y se olvida de algunos falangistas y políticos de la dictadura .

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León

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cristina fanjul | león

El callejero dice mucho más del tipo de ciudad en el que vivimos de lo que creemos. El de León denota dos cosas. En primer lugar, el carácter conservador de su historia y, por lo tanto, de su sociedad. Los nombres de las calles son un símbolo claro de que la provincia —la capital no deja de ser el exponente de la idiosincrasia general— cambió muy poco hasta el siglo XX. Era una ciudad pequeña y con pocas calles. Las modificaciones, escasas, que se produjeron con el Sexenio Revolucionario y la Primera República debieron revertirse con la Restauración. Además, los nombres que se adoptaron para las nuevas calles creadas con el Ensanche también fueron tradicionales. «La II República trajo mudanzas, no demasiadas, pero tan sólo duraron cinco años», destaca el decano de Historia, Francisco Carantoña. Entre ellas cabe citar la calle Pi y Margall, que se reconvirtió en Padre Arintero, Sierra Pambley, actualmente Alcázar de Toledo, o Fernando de Castro, que mutó a Roa de la Vega. Interesante resulta la actual Gran Vía de San Marcos. La primera parte de la avenida desde Santo Domingo se transformó en 1931 en la avenida 14 de abril (fecha de proclamación de la República) y con el golpe de Estado pasó a General Sanjurjo. El segundo tramo de la calle sufrió una transformación pareja y de Pablo Iglesias se convirtió en la calle José Antonio Primo de Rivera. Igual destino corrieron la plaza de la Libertad, la de la República, el paseo del Espolón, Capitán Galán o la avenida del Primero de Mayo, cuyo rastro se borró con la huella del 18 de julio.

Una de las características del callejero leonés es que se conservan nombres desde el Antiguo Régimen y abundan «abrumadoramente» los nombres de eclesiásticos y curas católicos. Francisco Carantoña revela que ni siquiera hay muchos políticos decimonónicos o del primer tercio del siglo XX. Además, los pocos que hay son derechistas. «Incluso faltan los reyes de la Edad Moderna o Contemporánea, que figuran en tantas ciudades. Aquí, sólo interesa la Edad Media», lamenta.

Liberales e ilustrados

Otra de las características de la nomenclatura viaria que define a León es la escasez de ilustrados y liberales o personajes históricos de los dos últimos siglos carentes de adscripción partidista. «La mayoría de los laicos ilustrados consiguió sus calles hace poco tiempo y da la impresión de que a regañadientes», se queja el catedrático de Historia Contemporánea, que precisa que la mayoría de ellos se encuentran en callejas de la periferia. Es el caso de Gumersindo de Azcárate, en la zona de Las Ventas. Francisco Carantoña reclama para el institucionista una calle en el centro, «Fernández Ladreda, por ejemplo». Asimismo, defiende que Fernando de Castro, Félix y Mariano Álvarez Acevedo o José Ordax Avecilla deberían estar en el callejero.

La mayoría de los nombres vinculados a la tradición liberal, republicana o de izquierdas brillaban por su ausencia y fueron añadidos a partir del año 2000. Es el caso de Alfredo Nistal (2001), Francisco Giner de los Ríos (2008), Gordón Ordás (1996), Justino de Azcárate (2008), Manuel Bartolomé Cossío (2008), Pío Álvarez (2008) o Nicostrato Vela (2006).

Memoria Histórica

La semana pasada se hacía público que un abogado madrileño, Eduardo Ranz, interponía una demanda contra el Ayuntamiento para forzar a la administración a modificar el nombre de 30 calles de la ciudad con reminiscencias franquistas. Muchas de ellas poco o nada tienen que ver con la dictadura. Entre ellas, destaca el nombre de Álvaro López Núñez, ejecutado en Madrid en 1936. Era miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y no está entre los casos previstos en la Ley de Memoria Histórica. Tampoco lo está Antonio Pérez Crespo, político liberal durante la Restauración, Gabriel Fernández Cadórniga, abogado, periodista y político conservador cuya calle lleva su nombre desde 1899, o Laureano Díez Canseco, catedrático de Derecho que murió en 1930. Llama la atención que en este listado, Ranz haya introducido a Luis de Sosa, patriota y liberal progresista perseguido por Fernando VII, defensor del sufragio universal y los derechos humanos en las Cortes, o al obispo José Álvarez Miranda, que si bien fue un obispo ultraconservador, intercedió por la vida de los condenados a muerte en 1936. «Eso es algo inusual y que le honra», destaca Carantoña. También están Manuel Fraga Iribarne o Rodolfo Martín Villa, cuya presencia en el callejero se debe a su labor durante la Transición.

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En este sentido, el decano de la Facultad de Historia lamenta que Ranz se haya olvidado de incluir las calles Ausente, dedicada con toda probabilidad a José Antonio, la avenida Carlos Pinilla, José Aguado, conocido falangista y alcalde franquista en León, Joaquín López Robles, que presidió la comisión depuradora del magisterio en León o Ángel Suárez Ema, falangista y miembro del ayuntamiento de León en la posguerra.