Diario de León
Publicado por
Liturgia dominical JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES
León

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L as lecturas bíblicas que se nos proponen en la Liturgia de este domingo, son una invitación a la confianza en Dios. Es decir, nos invitan con lenguaje intenso a tener al Creador muy presente en nuestras vidas y a ser capaces de presentarle sin temor nuestros deseos, nuestras preocupaciones y necesidades. El poder contar con Dios, no quiere decir que tengamos que esperar que sea Él quien nos resuelva todos los problemas y, menos aún, que se ponga a favor y al servicio de nuestros pequeños intereses. Pero sí quiere decir que Él, siempre cercano a nuestra realidad concreta, nos da la mano en nuestro caminar, nos da fuerza y nos trasmite valor. Contar con Dios y tener confianza en Él es tener la seguridad de que alguien está a nuestro lado, de que no nos deja nunca: Es poder vivir toda ocasión y toda circunstancia, cada acontecimiento, por dura que sea la realidad, con la seguridad de que estamos acompañados por un amor muy grande, pleno, infinito. Sería un mal signo que a Dios le pidiéramos solo ayuda y fuerza para nuestras angustias y problemas personales; es por esa razón por la que el Jesucristo nos entrega la oración del Padre Nuestro como modelo perfecto de cómo y con qué actitud debemos dirigirnos a Dios, ya que en esas fórmulas se unen petición, alabanza y adoración. Oración significa apertura para con Dios. Nuestra vida no puede estar centrada en nosotros mismos, en nuestros problemas inmediatos o en las cosas y afanes de este mundo: orar, rezar, es contar también con Dios y abrirse a Él. Orar es saber escuchar su Palabra, y dirigirle -personal y comunitariamente- nuestra palabra de alabanza y de súplica, con confianza de hijos. La oración es mucho más que recitar unas fórmulas o poner en marcha un mecanismo «comercial» para obtener favores de Dios. Es, sobre todo, una convicción íntima de que Dios es nuestro Padre y de que quiere nuestro bien más que nosotros mismos. La lección primordial de la parábola del vecino importuno e inoportuno de este domingo nos conduce a entender y a vivir la confianza que depositamos como hijos queridos en el mismo Dios. Si uno consigue de su amigo, aunque sea de noche, lo que pide; si un hijo puede esperar que su padre le dé lo mejor; si Abraham logra que Dios le escuche, ¡cuánto más nosotros, que por Cristo somos hijos en la familia de Dios, podemos dirigirnos con confianza absoluta a nuestro Padre! Pero, tengamos en cuenta que protagonista primero y principal de la parábola no es «el que pide», sino «el que da «, o sea, Dios mismo. La frase fundamental es: «cuánto más vuestro Padre celestial...».La oración no es una garantía contra todo riesgo. Jesús nos asegura que nos concede su Espíritu, lo hace en el Bautismo, para que podamos caminar por sus sendas. Esa es la raíz de la esperanza y de la confianza cristiana. Así viviremos como hijos ante Dios y como hermanos de nuestros hermanos. Este es el sentido y la importancia de la oración.

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