Diario de León

Palabra de político

Con el siglo XX la propaganda se apropió de la dialéctica política. El arte de la persuasión y la retórica comenzaron a desvanecerse y los representantes públicos iniciaron una carrera hacia la banalización de su discurso para llegar a la masa. El académico de la RAE Salvador Gutiérrez analiza las estrategias de los principales líderes políticos.

El catedrático y académico de la RAE Salvador Gutiérrez. EMILIO NARANJO

El catedrático y académico de la RAE Salvador Gutiérrez. EMILIO NARANJO

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cristina fanjul | león

«...Esa es la historia de este país, la historia que me ha traído a este escenario esta noche, la historia de generaciones de personas que sintieron los latigazos de la esclavitud y su vergüenza, la punzada de la segregación, pero que siguieron luchando y teniendo esperanza y haciendo lo que era necesario para que hoy yo me levante cada mañana en una casa construida por esclavos. Y miro a mis hijas, dos chicas negras inteligentes jugando con sus perros en el césped de la Casa Blanca»...

Las palabras que Michelle Obama ofreció en la convención demócrata constituyen, según el catedrático de Lingüística Salvador Gutiérrez, un ejemplo de un fino discurso persuasivo. Es un mensaje que dice mucho más de lo que dice. La pragmática es la disciplina que intenta explicar cómo podemos comprender lo que no está dicho, lo implícito. «Antes se creía que, para que el cerebro pudiera comprender un mensaje, todo tenía que estar explícito. Sin embargo, ahora sabemos que no es así. La interpretación se efectúa como si tuviéramos dos tipos de computadoras que trabajan simultáneamente: un ordenador de programas convencional y otro de inteligencia artificial, que hace que seamos capaces de reconstruir esas informaciones implícitas», destaca el académico.

¿Por qué la retórica del discurso de Michelle Obama llega a los estadounidenses? Porque apela a una idea implícita que es la base ideológica de su conciencia nacional. «Estados Unidos es un país que se ha formado superando las diferencias (conquistadores, esclavos, inmigrantes…). Allí es posible un discurso nacional común, mientras que en España es difícil de encontrarlo fuera de parcelas como el fútbol», reflexiona Gutiérrez.

Pero, ¿cuál es la razón por la que el uso del lenguaje en la arena pública se ha banalizado hasta cotas cercanas a la irrelevancia? ¿Por qué los políticos construyen discursos tan superficiales? Salvador Gutiérrez subraya que hay varios tipos de causas. Para dominar el arte de la persuasión —la capacidad para convencer mediante razones o argumentos— es necesario, primero, tener un dominio instrumental de la lengua. Esta destreza incluye el conocimiento de la gramática, de la sintaxis, del léxico y de la ortografía. El catedrático advierte de que la riqueza léxica moldea nuestra capacidad de analizar el mundo: «Cuanta mayor riqueza léxica se posee, mayor es la parcelación conceptual», defiende. Y, sin embargo, cada vez se usan menos palabras para describir el mundo». Una actividad esencial en los inicios de la formación es la práctica de la lectura y de la escritura. «Los romanos y los griegos daban mucha importancia al dominio de la lectura y a la expresión», sostiene el lingüista. «Quien no sabe leer con fluidez a los 13 años, está abocado al fracaso en los estudios», asegura. Gutiérrez Ordóñez explica la importancia de adquirir el automatismo en la lectura. «El texto es un cristal que nos lleva a un contenido. Debemos automatizar la lectura para que este proceso sea inconsciente y podamos captar el contenido sin fijarnos en el cristal».

Política y propaganda

En segundo lugar, es importante estudiar y practicar los recursos del discurso argumentativo. El académico precisa que los antiguos iniciaban el aprendizaje de la retórica después de los 15 años de edad. «El arte de construir discursos nació para convencer en los tribunales, pero saber argumentar es importantísimo en todos los ámbitos de la vida (para abogados, vendedores, religiosos, profesores… incluso para discutir de fútbol o enamorar). Recuerda que en el siglo XVII en la universidad de Harvard dedicaban cuatro años a la argumentación. «Con el racionalismo se confundió la retórica con el arte de engañar y a partir de ese momento quedó recluida a los seminarios», manifiesta el catedrático, que añade que desde entonces la retórica se limitó a estudiar las figuras poéticas. Fue así en toda Europa. Lo que marcó la diferencia respecto a España fue que en Francia, Gran Bretaña y Alemania se sustituyó por el comentario de texto, una disciplina que Salvador Gutiérrez denomina retórica indirecta. Desde hace medio siglo, se asiste a un renacimiento de la retórica.

Dos ámbitos importantes de la manifestación del discurso retórico son la publicidad y la propaganda. En la obra La era de la propaganda, A. Pratkanis y E. Aronson afirman que cada día se nos bombardea con cientos de mensajes persuasivos mediante la manipulación de símbolos y de nuestras emociones humanas más fundamentales.

Las técnicas retóricas dominan también el discurso de la política. Salvador Gutiérrez sostiene que en la actualidad, los políticos se dirigen al gran público con estrategias bien estudiadas por publicistas, a veces con recursos que recuerdan la propaganda nazi, como la insistencia y la simplicidad de conceptos. «Hitler decía que él era capaz de convencer a la masa de que un círculo era cuadrado, porque la masa es tonta». Basta con insistir e insistir. Goebbels argumentaba que por esa razón, los políticos reducen los problemas a términos sencillos y los repiten insistentemente.

Vulgarización

El académico lamenta la vulgarización del nivel parlamentario y lo achaca a un cambio de interlocutor. El diputado que habla en el Parlamento se dirige a los que le escuchan por televisión, a la gran masa, por lo que banaliza su discurso. «En la época de Emilio Castelar, por ejemplo, los parlamentarios se dirigían a personas cultas, como ellos, y competían en elocuencia», sostiene. Sin embargo, el académico subraya que en las discusiones parlamentarias y políticas triunfa lo más negativo de la retórica, la sofistería y el uso de las falacias. Un caso claro es, por ejemplo, el uso de la fórmula del ‘y tú más’. Consiste en obviar los propios errores o defectos, respondiendo al ataque con otro ataque.

Preguntado sobre los recursos retóricos de nuestros políticos, responde que cada uno de los líderes tiene sus propios recursos. «Mariano Rajoy, por ejemplo, utiliza de manera constante las tautologías», destaca el académico. Una tautología es una frase en la que el predicado dice lo mismo que el sujeto: «Lo primero es lo primero y yo hago primero lo primero».

Palabras brillantes

El académico resalta que algún político de Podemos domina la argumentación tertuliana, dirigida al gran público. Es un discurso fluido y adobado con lo que los publicistas denominan ‘palabras brillantes’. «Son palabras que sorprenden, atraen la atención y se fijan pronto en mente», destaca. Sin embargo, suele ser una retórica ‘vacua’. «Hay una expresión utilizada por los franceses, langage de bois —lenguaje de madera—, que describe la forma de hablar de muchos políticos: el discurso suena bien, pero no dice nada. Es opaco, no concreta. Son expresiones que caen como el agua en un cesto; al final, no queda nada». Y añade un ejemplo: «Alguno de nuestros políticos ha hecho la siguiente promesa: ‘Haremos lo que tenemos que hacer, menos todo aquello que no tenemos que hacer’. ¿Qué puede sacar en limpio un ciudadano?», se pregunta Gutiérrez. El académico sostiene que otra de las técnicas que usan los partidos políticos es la creación de ‘factoides’, narraciones, ideas o explicaciones falsas que funcionan como verdaderas y tienen capacidad de movilización social. «Los factoides tienen una fuerza arrolladora; una vez que aparecen y se asientan, son muy difíciles de cambiar», explica Gutiérrez Ordóñez, que pone como ejemplo la idea de que la última crisis sobrevino por culpa de los socialistas.

Para Salvador Gutiérrez, el discurso de Pedro Sánchez es ágil, pero está mediatizado por la situación interna y externa: «Es consciente de que transita por el filo de la navaja y por esa razón, últimamente acude al recurso del silencio, que es otra estrategia retórica». Para el investigador, el principio ‘En música, el silencio es música’ puede aplicarse también a la política y a la persuasión. Por último, en lo que a Albert Rivera se refiere, Salvador Gutiérrez subraya que su discurso está pensado para el público de centro, por lo que persigue la sencillez y prudencia. «No es un gran orador. Atrae más por la serenidad que transmite».

El académico defiende que el parlamentario y el político perfecto es aquel capaz de analizar el presente y atisbar el futuro y subraya que su discurso está compuesto por ideas renovadoras. «Es el político capaz de convencer y de pactar, como Adolfo Suárez o Felipe González». Siempre nos quedará la transición»...

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