Diario de León

«Rufo dio la vida por nosotros; ahora vivo sin miedo y con esperanza»

Detalle de la labor del perro ante los agresores. ESCAN

Detalle de la labor del perro ante los agresores. ESCAN

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Rufo no sólo salvó la vida de Carmen y su hijo de manera literal. Rufo logró que fueran capaces de regresar a la normalidad, que dejaran de sentir miedo, que abandonaran el sentimiento de amenaza constante. Rufo les mostró el camino hacia la luz de la vida y, después, dio la suya por ellos. Carmen es una de las beneficiarias del proyecto Escan. «Cuando me enteré del programa, vi la posibilidad de empezar a vivir junto a mi hijo una vida cotidiana normal, que nos permitiría no tener que cambiar de sitio cada tres o seis meses». Carmen comenzó a trabajar con un pastor alemán, Rufo, y el equipo de profesionales de Escan. «Los primeros días fueron intensos, pero cada vez más gratos. Me di cuenta de que no sólo sería nuestro protector sino también nuestro mejor amigo, que entraría a formar parte del núcleo familiar».

El éxito del proyecto con Carmen y su hijo ha sido tan grande que ahora ella vive en Argentina donde ha puesto en marcha el programa como parte del Plan Nacional de la Mujer del Ministerio de Acción Social.

Carmen prefiere no revivir el drama sufrido a manos de su maltratador, pero destaca que al poco de comenzar a vivir con Rufo notó cambios inmediatos. «Recuerdo el día en que oí reir a mi hijo con Rufo. Le había disfrazado con todo lo que había encontrado en la bolsa de cotillón y el perro estaba de lo más tranquilo. En ese momento me di cuenta de que no sólo sería mi cómplice sino el aliado de las travesuras de mi hijo». La vida de Carmen cambió. Dejó de estar encerrada en casa por miedo. «Antes de la llegada de Rufo solo salía para llevar a mi hijo al colegio o a comprar lo justo», recuerda. A partir de la llegada del pastor alemán, Carmen comenzó a ir al parque y el niño comenzó a tener amigos. «Las salidas se convirtieron en paseos que podíamos disfrutar porque Rufo era el que vigilaba. Era nuestros ojos», rememora.

Carmen cuenta que con la llegada de Rufo comenzó a permitir que la gente se acercara a hablar con ellos, aunque fueran hombres, dejó de abrir las persianas con precaución como hacía cada mañana y a no cerrar la puerta con «la mayor seguridad». «Desgraciadamente, Rufo falleció a los dos años. Dio su vida por nosotros y nos defendió hasta el último momento. Ahora, y debido a lo que significó para nosotros, quise que otras mujeres con sus hijos tuvieran la misma oportunidad de vivir sin miedos y con esperanza en el mañana. Por eso colaboro con el programa Escan».

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