Diario de León

Estética a ‘dos metros bajo tierra’

El trance hacia la otra vida no es un proceso sencillo. Los profesionales de la tanatoestética y la tanatopraxia trabajan para suavizar la conmoción a la que cada día miles de personas tienen que enfrentarse por la muerte de un familiar.

José Alberto García Modino es uno de los dos profesionales de la tanatopraxia que trabajan en Serfunle. RAMIRO

José Alberto García Modino es uno de los dos profesionales de la tanatopraxia que trabajan en Serfunle. RAMIRO

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cristina fanjul | león

Hay profesionales que trabajan cada día con la muerte, personas que la sociedad contrata para que lidien con la realidad que ésta, en su conjunto, se empecina en esquinar. Entre esos profesionales están los tanatoestéticos y los tanatopractores, personas que se encargan de que los difuntos hagan su último peregrinaje por este mundo con la imagen que los suyos recuerdan. Maquillar a los muertos no es sólo cuestión de pintura. El objetivo principal de este oficio es disimular las posibles secuelas físicas que haya sufrido el difunto. Es decir, su función radica en minimizar la impresión y el dolor de los familiares en el velatorio. Para realizar su trabajo los técnicos de tanatoestética siguen un proceso que consta de tres partes: la preparación de la persona fallecida, los cuidados estéticos y por último, el maquillaje. Para ello, utilizan unos materiales y unos utensilios específicos y deben aplicar unas técnicas y habilidades especiales, para lo cual resulta imprescindible una preparación y una formación adecuada que les capacite para el trabajo que van a desempeñar.

En Serfunle trabajan dos tanatopractores titulados por la Universidad de Barcelona que realizan esta función en aquellos casos en los que se requiere una conservación transitoria del cadáver. Por lo general, la tanatopraxia se desarrolla cuando el cuerpo no va a ser enterrado antes de 48 horas. En estos casos, el profesional inyecta una sustancia que impide que el cadáver inicie su proceso natural de descomposición y que provoca, por ejemplo, que uñas, orejas y cuello se ennegrezcan. Si se trata de una finada, el líquido se introduce a través de la femoral, mientras que si el difunto es varón, se realiza mediante la carótida. «La razón es puramente estética, puesto que esta es la manera para evitar que la incisión pueda verse», destaca José Alberto García Modino, uno de los tanatopractores de Serfunle. «La gradación de las sustancias que se introducen depende del tiempo de conservación que requiere el cadáver», precisa este profesional, que añade que el proceso no resulta sencillo puesto que al tiempo hay que ir sacando la sangre del cuerpo del fallecido mientras se masajea el cuerpo con el fin de que la sangre fluya al corazón.

El embalsamamiento debe ser realizado por un forense. Es obligatorio en los casos en los que la inhumación vaya a realizarse después de 72 horas y antes de las 96 del fallecimiento, cuando el cuerpo vaya a ser expuesto en lugares públicos distintos de velatorios y tanatorios, a causa de traslados por vía aérea o marítima o cuando vaya a ser enterrado en lugares especiales.

Más que maquillaje

La tanatoestética es un técnica mucho más común y se limita a mejorar la apariencia física del fallecido. «A lo largo de los últimos once años, habré tratado no menos de 3.000 cuerpos», asegura José Alberto, que confiesa que pasó momentos duros cuando comenzó a trabajar con los muertos. «Poco a poco me fui acostumbrando y ahora pienso que se trata de un oficio para el que se requiere empatía y que no deja de ser una prestación de servicios más», sostiene. El proceso, que suele prolongarse durante una hora, comienza siempre por el lavado del cuerpo y si se trata de un hombre, se le afeita. A continuación, se les tapa la nariz y se les cosen los labios —«la expresión queda más natural»—. Los pasos siguientes (maquillaje y peluquería) dependen de la decisión de los familiares. Por lo general, los rostros se cubren con un maquillaje muy tenue que evita que el color macilento provocado por el proceso de la muerte sea visible. Sin embargo, a partir de ahí, cada muerto es diferente. José Alberto explica que hay familias que quieren que el maquillaje sea muy suave, otros que prefieren que se note más y los hay que piden que no se toquen los cuerpos. «Siempre hacemos previsualizaciones para que las familias se queden conformes. Son momentos tan delicados que no podemos permitirnos errores», subraya el tanatopractor.

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