Diario de León

Esclavas en la puerta de al lado

Aunque nos empeñemos en mirar hacia otro lado, convivimos con la esclavitud. La policía prefiere no dar cifras, pero advierte de que las actitudes de indiferencia cuando no la frivolidad con la que la sociedad trata esta lacra amparan a las redes de trata y condenan a las víctimas a seguir en el infierno .

Imagen de la avenida Sáenz de Miera. JESÚS. F. SALVADORES

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CRISTINA FANJUL | LEÓN

«El esclavista no tiene alma. Es un criminal sin remordimiento ni dignidad». El jefe de Extranjería de la Policía Nacional asegura que en el mundo de la trata de personas hay cosas que nadie debería ver, «cosas que me gustaría no haber visto nunca». Sin embargo, pone el énfasis en la necesidad de sacarlo a la luz, de ventilar todo el horror de un negocio que equipara al tráfico de armas o de drogas y que se mueve, según su experiencia, a través de redes internacionales. «¿Quién blanquea las inmensas cantidades de dinero negro que genera esa actividad?», se pregunta al tiempo que subraya la necesidad de que la sociedad se sensibilice con esta lacra. Y es que este policía asegura que en demasiadas ocasiones las víctimas de trata piden ayuda a los clientes de estos ‘mercados’ sin obtener respuesta. «El consumidor del sexo favorece la esclavitud. Las víctimas viven vigiladas, controladas, secuestradas. Y, sí, se ha dado el caso de clientes que rechazan auxiliar a las víctimas cuando éstas se lo piden por miedo a que trascienda, a que sus familias o su círculo social se enteren», lamenta.

La trata de mujeres tiene un componente esencial que hace que resulte complicado eliminarlo. «La característica principal es que se trata de un delito oculto, que no florece debido al estado en el que se encuentran las víctimas», destaca el responsable provincial de Extranjería, que añade que cuanto más aumenta la presión policial, más se incrementa su invisibilidad, más se oculta el delito. «Cuando un piso o un club se cierra, otro se abrirá porque quien se dedica a este negocio tiene más de un establecimiento». El policía precisa que en ocasiones estos empresarios se parapetan detrás de personas jurídicas para buscar protección frente a la actividad policial y, al tiempo, mantener el anonimato de los clientes. «Los consumidores suelen pagar con tarjeta y en los extractos aparece el nombre de la sociedad, no del club, con lo que se camufla el rastro para la familia», explica. En cualquier caso, asegura que los esfuerzos materiales y personales en la provincia para luchar contra este tipo de delitos se han incrementado. Así, destaca la colaboración con los fiscales delegados de extranjería y la implicación de actores sociales. «Porque hay que preguntarse qué pasa con las víctimas desde que se detecta el delito hasta que se celebra el juicio». El jefe de Extranjería expone la importancia de ofrecerles cobijo, arraigo, de darles la residencia, de proporcionarles trabajo y protección, de ofrecerles ayuda psicológica para que el miedo, la necesidad o las mismas redes que las esclavizaron no las obliguen a regresar al lugar de donde fueron liberadas. Y es que muchas veces las víctimas desaparecen antes de que finalice el procedimiento judicial ocasionado por la intervención policial, con lo que el juez se ve obligado a sobreseer el caso ante la ausencia de la prueba testifical. En este sentido, se están manteniendo reuniones técnicas en las que policía, fiscalía y numerosas organizaciones sociales trabajan para avanzar en la protección de las víctimas con el fin de que denunciar no se convierta en una actividad de riesgo.

Pero ¿quién consume esclavas? La policía asegura que no hay un perfil. «Cualquiera». Todas las capas sociales, económicas y culturales tienen clientes del sexo.

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Perfil de las víctimas

Sin embargo, la victimología sí tiene nacionalidad. Y edad. La mayoría son captadas al poco de cumplir 18 años y llegan del África Subsahariana, Paraguay, Rumanía y China, aunque también hay esclavas españolas. «Las redes las captan en su lugar de origen con promesas de trabajo en España. Les tramitan el pasaporte, les dan una mochila con dinero suficiente para que puedan entrar en el país sin problema, las adiestran para que sepan qué decirle a la policía y nada más que llegan a su destino son encarceladas. Les quitan el pasaporte y las obligan a pagar una deuda que irá creciendo», explica. El jefe de Policía añade que desarticular una red de trata no resulta fácil por la normativa que regula este tipo de establecimientos. «A las habitaciones de los clubs no puedes subir porque se considera que son su vivienda, con lo que tan sólo puedes entrar con una orden judicial. Lo mismo ocurre con los pisos», sostiene el responsable de Extranjería, que precisa que la policía sabe que cuando inspecciona uno de estos establecimientos, los proxenetas ocultan a muchas mujeres en estancias a las que los agentes no pueden acceder. Además, recuerda que se trata de víctimas extorsionadas, coaccionadas. «Las conocen y conocen a sus familias. Las amenazan con hacer daño a sus padres o a sus hijos. No hay que olvidar que son redes internacionales contra las que resulta muy difícil luchar porque mueven a las víctimas de un lugar a otro», precisa. La manera de atemorizarlas depende de la nacionalidad. Así, las nigerianas son esclavizadas a través del vudú, mientras que las sudamericanas son encadenadas mediante la amenaza de muerte a sus familiares. Las rumanas, por lo general, son explotadas por sus propios maridos. En ocasiones, las propias víctimas esclavizadas terminan colaborando con los delincuentes. «Cuando son liberadas, se convierten en parte de la red y reclutan a conocidas en sus países de origen. Hay veces en las que incluso terminan casadas con quienes las han explotado o regentando sus propios clubs», añade.

La última red de trata desarticulada se produjo en el mes de junio. La policía liberó a seis mujeres y detuvo a tres personas por un delito de trata. La investigación tuvo su origen en las informaciones recibidas del enlace policial de Brasil en España, según las cuales la Policía brasileña habría interceptado a dos mujeres de nacionalidad paraguaya que podían encajar en el perfil de víctimas de trata de seres humanos, que viajaban desde Brasil a Madrid. Inmediatamente, agentes de la Policía Nacional especializados en este delito organizaron un dispositivo para comprobar la información recibida, lo que les llevó a la detección de las dos mujeres y la posterior desarticulación de la organización.

En León funciona un plan policial contra la trata de seres humanos con fines de explotación que trabaja de manera activa en la desarticulación de las redes de trata y en la ayuda y protección de las víctimas. Una de sus facetas es la red de comunicación y recepción de denuncias que garantiza el anonimato, es gratuito y no deja rastro: 900105090 y en la dirección trata@policia.es.

En la zona rural

Por su parte, el jefe del equipo de delitos contra las personas de la Guardia Civil destaca que en los últimos cuatro años la crisis ha obligado a echar el cierre a casi la mitad de los clubs que hay en la provincia. «De 33 se ha pasado a 16», precisa. El sargento informa de que el Consejo de Europa aprobó en 2009 una directiva específica para luchar contra estos delitos con una respuesta coordinada a nivel internacional. Este convenio implica que todos los clubs o pisos donde se ejerza la prostitución deben ser inspeccionados de manera periódica y sorpresiva. «Llevamos un control de todas las mujeres que están allí y en las entrevistas que las hacemos se hace hincapié en determinadas preguntas que pueden llevarnos a pensar que son esclavizadas», manifiesta. Estas encuestas se trasladan a Fiscalía y si hay indicios de que se está cometiendo un delito, se abre investigación. La última operación coordinada por la Guardia Civil en la provincia tuvo lugar en 2007. En ella, se detuvieron a cinco personas por un delito de violencia e intimidación. «El problema que tenemos es que las víctimas tienen que ratificarse en la denuncia. De lo contrario, todo se queda en nada», manifiesta.

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