«EE UU quiere imponer la democracia en contra del pueblo»
El misionero salesiano Alejandro Mendoza visitó ayer la ciudad para acercar a los leoneses la realidad vivida por miles de sirios tras varios años de guerra. Mendoza se muestra crítico con el papel jugado por las potencias occidentales en este conflicto y lo contrapone al de los niños y jóvenes cristianos de Damasco que, a pesar de todo, no han perdido la fe y ayudan a los hijos de los terroristas..

Las niñas llenan una de las clases en el centro de Damasco. MOHAMED BADRA
cristina fanjul | león
«No hay vida social porque salir es peligroso. No hay electricidad, ni combustible, ni gas, ni queroseno. Todo esto puede parecer un poco superficial, pero con el constante miedo a la muerte le aseguro que no lo es». El salesiano Alejandro Mendoza participó ayer en León en una conferencia sobre la situación de Siria, un país que conoce bien. Lleva cuatro años en Damasco. Llegó justo cuando la guerra comenzaba, con lo que su argumentario acerca del conflicto —en absoluto reconfortante— no es superficial. 1.200 niños cristianos acuden cada día al centro que la misión tiene en la capital. Allí, con espacio para menos de la mitad, les ofrecen nutrientes para el cuerpo y para su alma dañada. «Le damos clases de catecismo, pero también de arte, actividades recreativas, deportivas.... y les damos el almuerzo y la merienda porque de lo contrario, no comen». En Siria, los hermanos salesianos solo trabajan con niños cristianos, pero en el resto de Oriente Medio «tenemos proyectos en los que tan sólo trabajamos con musulmanes y otros en las que lo hacemos de manera mixta». ¿La razón? «Es complicado de explicar para alguien occidental».... Reflexiona durante un momento y finalmente asegura que las relaciones entre ambas comunidades en Siria eran mucho más serenas y respetuosas que en otros países árabes. «Pero, verá, el caso es que en un lugar como Siria, con la religión musulmana tan arraigada en la sociedad, con tanta mezcla, los niños no tenían un lugar en el que afianzar su personalidad cristiana», dice, y ejemplifica su afirmación de manera inmediata: «Hay cientos de ejemplos en los que podemos ver de qué manera la cultura musulmana va colonizando la cristiana. Un ejemplo es que los fieles cristianos han adoptado su carácter determinista de la vida, o la idea de que el trasplante de órganos es pecado y, por supuesto, ideas acerca de la mujer que no se corresponden con el modelo de respeto que tenemos en Occidente», asegura.
Destaca que su labor pastoral ha hecho milagros entre los niños y jóvenes de Damasco. «Hemos logrado que muchos jóvenes compartan y ayuden a los hijos de los terroristas que mataron a sus padres. Le aseguro que el mandamiento de amar a los enemigos no se toma a la ligera entre los cristianos sirios», sostiene. El salesiano subraya que la labor pastoral es muy importante en los países árabes puesto que el Islam tiene una carga de presión social muy fuerte que obliga a vivir la expresión de la fe. «Eso hace que muchos cristianos acudieran a la iglesia como un acto social más que como una vivencia de la fe, con lo que cuando llegó la guerra y vieron que Dios no respondía a sus plegarias... unos dejaron de creer y otros entraron en una grave crisis de fe», lamenta. Sin embargo, asegura que ahora está desarrollándose una relación con Dios más verdadera.
Matanzas
«No hay estadísticas sobre la comunidad cristiana. Antes de la guerra, éramos un diez por ciento», dice, al tiempo que reconoce que, si bien las matanzas de familias cristianas se han dado, la mayoría ha tenido lugar en los territorios de Isis en las zonas rurales, no en Damasco o en Alepo. «Fueron pocos casos pero muy crueles», asegura. El misionero salesiano destaca que Daesh acabó en 2014 con el Gran Muftí simplemente porque no era un radical. «No es una guerra religiosa. Mataron al Gran Muftí, y era sunita, como ellos, un hombre de una espiritualidad y fuerza maravillosas», lamenta.
Alejandro Mendoza se muestra crítico con la labor que Occidente ha jugado en Siria y asegura que, a pesar de que los líderes cristianos y musulmanes denunciaban que se estaban dando armas a personas equivocadas, su llamamiento fue desoído. «El ejército rebelde no era un grupo de moderados. Estaba formado por personas de 80 nacionalidades diferentes, muchos de ellos mercenarios», denuncia. Asimismo, se queja del papel desempeñado por países de la zona, como Turquía, Arabia Saudí o Israel. «¿Quién es ese hombre —se refiere a Erdogán— que hace cinco años juzgaba a Asad como si él fuera un presidente democrático?». El salesiano acepta que el régimen de Al Asad no era ideal, pero se pregunta la razón por la cual se centraron en Siria como si fuera el único país en el que no se respetaban los derechos humanos mientras se apoya a otros como Arabia Saudí. «Hay mucha hipocresía, como llamar a los opositores, moderados, soldados armados hasta los dientes que comenzaron a matar al mes del conflicto». Mendoza advierte de la necesidad de respetar el ritmo de la historia de los países árabes que, asegura, aún se encuentran en el Medievo. «No podemos pretender que salten hasta un momento como el que vivimos en Occidente sin que hayan pasado por la Ilustración. Esto no es exportable», defiende. El misionero se pregunta cuántas muertes ha causado la guerra contra Sadam Hussein y explica que la dificultad de importar a Irak la democracia no es baladí: «Siguen teniendo la mentalidad de las tribus y necesitan un jefe».
Así, se refiere a la Primavera Árabe. «Vaya calificativo ¿no le parece?. Cuando oíamos eso desde Siria pensábamos cómo sería la vida cuando llegara el invierno» y continúa la lista con Egipto. «¿La alternativa a Mubarak era Mursi?», se pregunta. Si bien admite que Al Assad ha perdido gran parte de los apoyos que tenía, sostiene que más de la mitad de la población siria prefiere su regreso. «Estados Unidos quiere imponer la democracia en contra del pueblo. Debe enfrentarse a esa dicotomía», lamenta.
Refugiados
Alejandro Mendoza defiende que hay que abrir las puertas a los refugiados. «Estamos hablando de una crisis humanitaria a la que no se pueden cerrar los corazones, pero hay que hacerlo con cabeza», avisa. Y es que el misionero defiende que se trata de gente que huye de situaciones muy críticas y que aspiran a llegar a Europa para beneficiarse de sus derechos y, también, con el fin de convertirse en soporte del continente. Sin embargo, advierte contra la ingenuidad. «También hay personas muy manipulables, que si el día de mañana son espoleadas por un imán para que se vuelvan en contra de Occidente, lo harán», dice.
El misionero solicita la ayuda de los leoneses para mantener abiertas las obras que hay en marcha en Siria. «Desde 2013 hemos vivido con el dinero aportado por los salesianos de España y hay que agradecer al pueblo español su gran solidaridad», afirma. Mendoza asegura en este sentido que todo el dinero se utiliza en las misiones y es administrado por los propios hermanos salesianos en Siria.