RETRATOS CALLEJEROS
El ferroviario que inventó la magia en la cartelería

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carmen tapia | texto
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Pasión y entusiasmo. José Antonio Pérez Robles, de 90 años, ha inventado un nuevo lenguaje en la cartelería. Trabajador en Renfe, en Cristalería Rodríguez y la Imprenta Moderna, se ha convertido en un artista de las letras. Ha inventado un sistema de escritura basado en rayas y puntos que, colocados a cierta distancia de los ojos, produce un efecto óptico en el que se leen frases. «Esto de las tarjetas no hay quien lo haga», dice. Y él ha hecho hasta un abecedario. «Hay que hacer las rayas y escribir al revés con las letras boca abajo. Si me confundo en una raya ya no se ve nada, pero si sale bien está claro como el agua».
José Antonio ha convertido lo pequeño en grande. Se entusiasma con las letras y los rótulos. Tiene su casa llena de cuadros realizados con material de desecho. «Yo no sé lo que tengo en la cabeza», dice. Con las bandejas de la pollería diseña bastones, cajas de música, figuras, cuadros que completa con plásticos, carcasas de televisión y otros materiales y madreñas. Hasta le quitaba los pendientes a su hija para terminar de decorar sus obras. Pega los colores con cloroformo. «Utilizo una jeringuilla para no pasarme de la dosis». Pero este hombre no se duerme. Es tanta su afición que no se atreve a cuantificar su obra, repartida por toda la familia. «Casi todo lo hice de los 70 años en adelante», dice. Todo cuando las obligaciones laborales bajaron de intensidad.
«En la cristalería donde trabajé hacía cosas que otros no hacían». Lo que más recuerda son los carteles de las obras de teatro y las compañías que venían al Teatro Principal. Mancha que limpia y Tu no me quieres más son parte del repertorio que salía de sus manos y lucía en la fachada del teatro.
Trabajó durante nueve años en la Imprenta Moderna. Tenía 14 años cuando entró. «Cuando me marché a la mili ya hacía el periódico de la Cámara Agrícola».
Su habilidad es innata. «Cuando la guerra de España dibujé en la pared del colegio todos los sellos de correos. Tenía 8 años. «Tardaron mucho tiempo en borrarlos».