RETRATOS CALLEJEROS FAMILIA GONZÁLEZ MARTÍNEZ churreros
De la parva a la merienda cena
carmen tapia | texto
jesús f. salvadores| foto
Agua, harina, sal y aceite de girasol, pero de buena calidad. El secreto está en las manos. Esas que ya no amasan pero que mezclan los ingredientes ‘a ojo’ porque el oficio se ha convertido en un arte. Ahora es más instrumental pero Ángeles Martínez, ya jubilada, lleva el recuerdo en el dolor del brazo. Se supone que el churrero era Cecilio González, pero cuando se casó, Ángeles hizo suya esa forma de vivir. Ahora son sus hijos, Elena, Óscar y Álvaro, los que llevan el peso de la churrería del paseo de José Aguado. Los dos varones empezaron a los 14 años repartiendo churros con la bicicleta. A las seis y media de la mañana el olor se convierte en el sendero que lleva a un ritual tradicional, la parva, una copita de mistela con orujo y un churro para entonar el día, que se presenta duro. Un desfile continuo hasta las doce de la mañana. Los domingos también se abre por la tarde. Crece la costumbre de merendar con churros con chocolate. Los churros de Santa Ana son famosos desde hace 54 años, cuando la familia se trasladó a una nueva ubicación procedente de los soportales próximos, en la plaza en la que ahora hay pisos. Calculan que repartirán 2.000 churros cada día. Llegan a muchos bares y restaurantes. Un euro, siete churros, veinte churros, tres euros. El desayuno está servido.