Ni una lenteja
T rae pacá lo mío, que me apaño mejor solo .
Es el lema del momento. Ante el ascensor dorado de la Trump Tower el escocés Farage lo certificaba con una risa más grande que la boca de un pajar, así que el catalanismo dice confiar ahora en que Trump Casita Blanca les ponga también alfombra a lo suyo (y encantandísimo el Donald de dividir a competencias o enemigos; además, España y lo spanish le repugnan).
La cosa parece contagiosa ahora que cada cual quiere su día de la independencia. La noche electoral, Trump dijo que era exactamente eso, el nuevo Independence Day que devolverá a los americanos el ser más unidos, más grandes y más libres (¿te suena ese eslogan?), así que el nacionalismo vuelve a infectar el discurso político en todas las esquinas de este planeta redondo. La nación, lo propio, el credo y la raza fueron siempre recursos emocionales infalibles y ahora vuelven a serlo más que nunca porque consumimos todos tantísimos miedos, que no nos cabe por el culo una lenteja... así nos vemos y así vamos apretando esfínteres para ir tirando bajo un chaparrón de noticias bomba (de racimo): la angustia económica, el empleo mierda, la rebelión social a hostiazos, el azote climático, el moro que mira...
Trae pacá lo mío... y frontera.
Alto ahí, date la vuelta.
Solos nos lamemos mejor.
Capitán, mande firmes.
La exaltación del nacionalismo pide papel de nuevo en la política mundial junto a la figura del líder patriotero, el empuje visionario de un corazón bravo o la bocaza de un chulo de siete suelas. Alguno ya está logrando el papel porque cada vez más gente apoya las salidas aventureras de quien practique un «sano desprecio de la ley» hinchándose a pescar votos entre un pueblo harto de democracias desprestigiadas por tanto chanchullo, tanto aparato estatal y tan consentidas en corromperse hasta extremos que ayer nos escandalizaban, hoy nos parecen calderilla y mañana serán un mudo y brutal asiento contable. Los poderosos serán más poderosos. Y tú seguirás sin que te quepa por el culo ni una lenteja.