Diario de León

Los ‘kikos’ impulsan las vocaciones en León

Dieciocho seminaristas de doce nacionalidades se preparan en León para las misiones neocatecumenales. Los ‘kikos’ impulsan las nuevas vocaciones en León, uno de los 115 seminarios que el movimiento tiene en todo el mundo..

Los seminaristas posan en la biblioteca con el rector, Manuel Santos Flaker, y el director espiritual, Eduardo Tejero (a la derecha). En el extremo derecho, una página de la Torá hebrea. SECUNDINO PÉREZ

Los seminaristas posan en la biblioteca con el rector, Manuel Santos Flaker, y el director espiritual, Eduardo Tejero (a la derecha). En el extremo derecho, una página de la Torá hebrea. SECUNDINO PÉREZ

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carmen Tapia | león

Llegaron hace diez años a un edificio abandonado, destino de okupas, pero con los ecos aún en sus paredes de las 600 voces bachilleres que llegó a tener en los años 60 como seminario menor. Han reformado 3.000 de los 17.000 metros cuadrados de un edificio levantado por el obispo Almarcha en 1945 como Seminario Menor San Isidoro. La reforma actual ha sido posible gracias a la herencia de una familia benefactora de Valladolid. Desde hace un decenio, los ‘kikos’ gestionan el Seminario Diocesano y Misionero Redemptoris Mater Virgen del Camino (carretera de Asturias), uno de los 115 que los neocatecumenales dirigen en todo el mundo desde que en 1988 el papa Juan Pablo II les reconociera y exhortara a los obispos a valorar y apoyar la obra de Kiko Argüello, el líder conservador del movimiento.

El rector del seminario, el leones Manuel Santos Flaker Labanda, subraya el esfuerzo en crear una comunidad cristiana que se abre camino en la Iglesia a cambio de desmontar todo lo anterior. «La sociedad de cristiandad ha desaparecido. Antes todo el mundo era cristiano. Era un modelo medieval y renacentista, pero eso no significa que fuera el adecuado. Jesucristo no ha concebido así a la Iglesia, una Iglesia en la que todos estén dentro. El nuevo espíritu es de luz, sal y fomento; apoyar e iluminar. Anunciar el Evangelio. No se conoce bien esta Iglesia, la única institución que ha hecho autocrítica hace 50 años. La Iglesia está en función de cómo es el mundo, está al servicio de la sociedad», asegura.

El movimiento neocatecumenal se nutre en León de ocho comunidades que tienen como lugares de reunión en familia las iglesias del Mercado y San Martín. Flaker es fruto del movimiento neucatecumenal de la parroquia del Mercado, en el que entró hace 33 años. «Todos los años, en septiembre, hay una convivencia internacional en Roma donde se sortean los destinos misioneros de los seminaristas. Yo fui con 23 años y soy fruto de ese sorteo en el que participan 300 aspirantes. Me tocó Medellín (Colombia) donde pasé 13 años. Yo soy presbítero en Medellín». Los seminaristas quedan incardinados en las diócesis donde reciben las órdenes sacerdotales. Los de León, de doce nacionalidades diferentes, dependerán de la diócesis de León. Pero no todos llegan a esta última etapa.

Seis años de estudio, tres de misiones en distintos países y la renuncia decidida y sin vacilaciones a un proyecto de vida diferente son causas que frustran las vocaciones. «Para venir aquí hay que dejar las redes». Santos Flaker utiliza este símil evangélico para definir la abdicación de una vida y dedicarse a una experiencia «en la que se valora la capacidad de entrega y obediencia». «Seguir a Jesucristo no es no tener nada que hacer» —dice Flaker— «aquí tenemos abogados, con estudios de arquitectura, administradores de empresas. Venir aquí no es huir del mundo. Esto significa una renuncia a un proyecto de vida, implica una lucha». En diez años se han ordenado tres sacerdotes. «Está muy bien teniendo en cuenta que la media de estudios es de nueve años». No todos llegan. «Los argumentos para la renuncia pueden ser individuales de la persona o eclesiásticos. No todos tienen la suficiente seguridad. Vienen porque tienen una llamada pero esa llamada hay que madurarla». En ese proceso de maduración los seminaristas no están solos. «Todo nuestro esfuerzo es crear una comunidad cristiana. Estos chicos no están solos, tienen familias de distintos estractos sociales que les apoyan en León, comparten Eucaristía, convivencia. Son ayudados en su vocación. Reciben una formación integral de vida».

Otras veces es la Iglesia la que discierne «si vemos que no tienen capacidad de entrega, capacidad de estudio, no hay vocación clara», asegura Flaker. Este boom de vocaciones surgen en las jornadas mundiales de juventud «que a veces se queda sólo en el entusiasmo primero».

Cada año llegan a León una media de dos o tres seminaristas nuevos que tienen que demostrar su determinación con pruebas que dejen clara su vocación de ser sacerdotes volcados en las misiones. «Valoramos muy positivamente que hayan querido casarse porque eso significa que hay una renuncia, que no huyen del mundo».

Para entrar se necesita un visado de buena conducta. Los casos de pederastia que manchan la imagen de la Iglesia son argumentos cotidianos de conversación dentro del seminario. «Les hablamos claro y pedimos sinceridad. La Iglesia tiene unos protocolos y procesos y ya no llegan al seminario».

En el Redemptoris Mater Virgen del Camino no están permitidos los móviles ni las tablets. En las habitaciones no hay wifi ni conexión a Internet. Los seminaristas tienen zonas comunes con ordenadores para comunicarse con sus familias por skype y consultar dudas relacionadas con el estudio. «La formación requiere estudio y serenidad. En Internet hay muchos peligros para los jóvenes. Sólo hay dos seminaristas con móvil por si tienen que localizarme. El estudio de la Filosofía necesita un pensamiento crítico. Queremos que nuestros chicos se hagan preguntas y se planteen cosas».

En el seminario conviven los seminaristas (cinco de ellos están actualmente en misiones en otros países), dos sacerdotes y cinco hermanas misioneras. «Es muy importante la presencia de la mujer». Las cinco misioneras viven en un pabellón privado al que no tienen acceso los estudiantes, y ayudan en las tareas domésticas del seminario. Todas las dependencias están impolutas y ordenadas. «Es muy importante la estética, el orden, la limpieza y la dignidad».

«Los seminaristas ayudan por turnos a poner y recoger las mesas. En el seminario se hace la colada común, pero las familias asignadas se encargan de sus ropas. Cuando salen de aquí lo hacen con familias. Ellos no van solos a los bares, no les gusta el vino. También tienen un espacio para fumar. Sólo permitimos fumar a los que ya vienen con el hábito, pero aquí no se empieza».

Daniele Copola de Sicilia; Joe Farrage de Beirut; Marco Pulvinente de Sicilia; José Ramón Fermín Herrera, venezolano; Miguel Oliveira —el más joven con 22 años— de Brasil; Israel José Nieves, colombiano; Bernardi Wilbers de Haití; Manuel Mariño —el mayor con 66 años— de Vigo; Raymon Acosta, dominicano: Victor Vanegas, colombiano; y el venezolano Luis Alfredo (el día del reportaje en cama con gripe), posan en la foto con Manuel Santos Flaker, rector del seminario, y Eduardo Tejero, director espiritual. El escenario elegido es la Biblioteca, un lugar de estudio que fue la habitación personal del obispo Almarcha. A la derecha del grupo (en la foto de la primer página) una página de la Torá, la biblia hebrea, del siglo XVII, un texto original «de la palabra de Dios, que tiene que iluminar la filosofía y la teología. Son nuestros hermanos mayores en la fe».

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