Arriba el telón…
Oficioso pistoletazo de salida de la Semana Mayor, la apertura del «teatrillo de vitrina» de la calle Ancha pone hoy en pie de procesión a una legión de papones
La Iluminada Compañía’ y el nutrido grupo de asistentes a la inauguración del ‘Teatrillo de Vitrina MMXVII’. MANUEL RAMOS
J.F.Z. | LEÓN
Y el telón se levantó, se fue al cielo de los sueños semanasanteros en la Legionensis: martes de vitrina… miércoles de platos rotos, en la calle Ancha.
Artista multidisciplinar, alma pater del Teatrillo de Vitrina, Juan Lesmes (HLG) también ha colaborado este año en la ilustración de la obra Papones en filandón, una colección de cuentos fantásticos (o no… como gustan de apellidarlos sus autores) editada por Eolas, que pone en pie de procesión la semana de diez días: relatos ambientados en otros siglos, historias de amor, de intriga, costumbristas e incluso de ciencia ficción, que vienen a demostrar que la pasión… no tiene fechas; como tampoco «los ochenta disparates […] de este humilde escaparate» tal como, con cada luna llena de primavera, Juan Lesmes y el curioso grupito que forma la Iluminada Compañía —elenco estable y primigenio—, nos recuerda de año en año… y van catorce.
Para muchos, el oficioso pistoletazo de salida de nuestra Semana Mayor, junto con el montaje de la rampla de la calle Teatro, desde hace ya algunos años reemplazada por obra de fábrica —tablones de madera sustituidos por cemento— de mayor consistencia.
La familia y uno más… Don Blas (el circunspecto papón), Amparito (la penitente manola), Miguelín (crismatvs púbere), Agapito (toca el pito), Tomasín (pícaro monaguillo, que gusta de darle a las vinajeras)…
Consensos, pláticas y disertaciones; en consonante, en asonante y en consonancia… y por eso paseantes, como siempre en estas fechas, recitamos un romance del papón Sánchez-Cadenas: «El misterio está servido […] tras las puertas de este local centenario que vende paños y telas». «Y por mucho que queramos imaginar la contienda, el secreto sólo está en esa pingüe cabeza, que con nariz respetable y con manos siempre atentas, crea papones, monagos, abades, frailes, saetas, gallos sobre la columna, fotógrafos con sus Leica, músicos de mente inquieta […] algún bracero con horqueta y manolas vestidas con mucha seda, ilusiones vespertinas a la gloria de esta senda que acaba en la Catedral entre vitrales y piedras…». (Sánchez-Cadenas, paponius apodatus, del XVII datatus).
¡Levantad ese telón!
¡Que León ya está de fiesta!
Y el telón… se levantó.
«Un año más, respetable,
se asoma la primavera
a esta ciudad milenaria
recia, amable y pinturera».