ALMUDENA DE LA CUEVA COMISARIA DE LA EXPOSICIÓN ‘MUJERES EN VANGUARDIA’
«La Residencia normalizó el acceso de la mujer a la universidad»

Almudena de la Cueva es coordinadora de Investigación y Estudios de la Residencia. RAQUEL P. VIECO
cristina fanjul | león
Mañana, la Fundación Sierra Pambley inaugura la exposición Mujeres en vanguardia, la muestra con la que se celebró el centenario de la Residencia de Señoritas, que se cumplió en 2015. Almudena de la Cueva es la comisaria de la exhibición, que reúne documentación nunca vista en la provincia sobre la obra de la Institución Libre de Enseñanza. No podía ser de otra manera, ya que León envió a la residencia dirigida por María de Maetzu más de noventa estudiantes, todo un hito en un momento histórico en el que la mujer aún seguía de espaldas a la educación.
—¿Qué diferencias han descubierto entre la Residencia de Estudiantes y la de Señoritas?
—La idea que defendemos es que no hubo diferencias esenciales puesto que la Residencia de Estudiantes y la Residencia de Señoritas formaban parte de una única institución. Alberto Jiménez Fraud era el presidente de los distintos grupos de la Residencia y María de Maeztu, la directora del grupo femenino. Ambos colaboraban estrechamente, entre sí y con el secretario de la JAE, José Castillejo. La Residencia de Señoritas, con su relativa independencia y sus peculiaridades, por ser un proyecto destinado a fomentar el acceso de las mujeres a la educación superior, era, pues, uno más de los distintos grupos de la Residencia y, por tanto, el tipo de vida que llevaban las residentes, que emanaba de su proyecto pedagógico (el fomento de los deportes, las excursiones y viajes, la formación complementaria, la actividad cultural, la proyección internacional…etc.), eran rasgos característicos y compartidos por ambos grupos.
—¿Por qué piensan que el grupo de León fue tan numeroso?
—Es evidente, y así lo analiza Elena Aguado estupendamente, la influencia de la acción de las escuelas de la Fundación Sierra Pambley y, en general, el arraigo del proyecto institucionista en León. Esa es la razón por la que la Residencia, tanto el grupo masculino como el femenino, recibió tantos estudiantes leoneses.
—La mayoría de ellas procedía de zonas rurales. ¿Cómo analiza este componente desde la óptica de la España de principios del siglo pasado?
—Ése es un aspecto sumamente interesante. La Residencia acogía estudiantes de todos los rincones de España. Ése es un aspecto esencial en lo que el proyecto de la Residencia tenía como punto de irradiación. Estudiantes de toda España acudían a ella, recibían una determinada formación que, en muchos casos, iban a propagar en su desempeño profesional por todos los rincones del país. Algo particularmente importante en el caso de las que se dedicaron a la docencia, pero igualmente importante en los casos de las mujeres que por aquello años comenzaban a ejercer otras profesiones (farmacéuticas, médicas, periodistas…etc.)
—¿Cómo era María de Maetzu? ¿Cuáles de sus características personales imprimió en las residentes?
—María de Maeztu fue una mujer excepcional para su época. Alumna de Unamuno y Ortega, becada por la JAE en varias ocasiones, destacada conferenciante que viajó por Europa y América impartiendo conferencias, asistiendo a congresos internacionales… Ella fue, desde luego, encarnación de ese modelo de mujer profesional e independiente que fomentaba la Residencia y, por tanto, una referencia para muchas de las residentes, sobre todo, para las más antiguas y las que pasaron más años vinculadas a la Residencia.
—¿Cuáles fueron los grandes hitos de Fortuny?
—Las dos ideas que yo destacaría son, por una parte, el hecho de que la Junta para Ampliación de Estudios se decidiera a crear un grupo femenino para fomentar el acceso de la mujer a la educación superior en una fecha tan temprana como 1915, cuando todavía eran escasísimas las mujeres que en España estaban en condiciones de emprender ese camino. Eso hay que entenderlo, como se recoge en la exposición, dentro de la defensa del derecho a la educación de la mujer que se venía llevando a cabo en el entorno de la Institución Libre de Enseñanza desde bastantes años antes. Y, por otro, el hecho de que en apenas veinte años la experiencia de la Residencia de Señoritas contribuyera muy señaladamente a normalizar el acceso de las mujeres a los estudios universitarios.
—¿Algún descubrimiento durante la investigación que les llevó a cambiar la exposición?
—En el proceso de investigación previa aparecieron unas cuantas novedades respecto a lo que ya conocíamos, pero lo que sí nos obligó a hacer un esfuerzo especial fue el hallazgo de los libros con los registros de matrícula de la Residencia de Señoritas. Nos vimos obligados, con muy poco margen de tiempo, a volcar esos datos en una base de datos que estuvo disponible para su consulta en la exposición original y que también se podrá consultar en la presentación de la exposición en León.
—¿Cómo explica a alguien totalmente profano en la materia qué supuso este proyecto?
—La gente más joven puede llevarse un par de sorpresas al advertir que hace poco más de cien años la situación de las mujeres respecto a la educación, su acceso a determinados estudios y profesiones, suscitaba tantos prejuicios para la sociedad en general. También otro aspecto que quizá merezca la pena recordar es que las mujeres de aquella época se enfrentaron a esos prejuicios y comenzaban a vencerlos, que lo hicieron en un periodo de tiempo relativamente breve, que muchas de ellas comenzaban a despuntar en la ciencia, en la investigación y en las artes y que, por eso, el retroceso que se produjo en este sentido en los años posteriores a la guerra, fue todavía más cruel si cabe para ellas.
—Tras la guerra, ¿Se mantuvo el espíritu o se malversó?
—Los centros creados por la JAE son disueltos y desaparecen tras la guerra. En varios de los edificios que ocupó la Residencia de Señoritas se creó el Colegio Mayor Santa Teresa de Jesús. En cuanto a si el espíritu sobrevivió o no, sobre eso, hay opiniones diversas. Desde luego, desde el punto de vista institucional, es evidente que ?no. Lo que sí hubo fueron determinadas personas, colaboradoras muy cercanas de María de Maeztu, que mantuvieron sus funciones en el Colegio Mayor Santa Teresa.